12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica de la IV Muestra Internacional Po3try Slam Madrid (3 dic 2016)

Cuando tanto poeta duerme bajo un mismo techo, ¿se sueña distinto? Con esta pregunta revoloteando por mi mente comenzó la jornada del sábado. Café, tostada y al lío. La primera parada del día fue la Asamblea General de Poetry ESLAM, que reunió a representantes de las ciudades españolas integradas en el circuito para debatir sobre el estado de la cuestión. De esto poco puedo decir –porque no estuve- más allá de remarcar que otra de las peculiaridades de este universo slam es la versatilidad de sus integrantes. Aquí a los poetas “lo mismo valen para un roto que para un descosido”.

Ya por la tarde, mientras la ciudad se paralizaba para ver si el balón entraba en la portería, primero Sara Hirsch y después Dani Orviz –premonitoriamente- fueron los encargados de capitanear el lado formativo del encuentro con sendos talleres de poetry slam en inglés y castellano.

Desde aquí, la actividad se trasladó a La Neomudéjar, un fascinante espacio artístico donde se celebró la IV Muestra Internacional de Po3try Slam de Madrid. Allí, antes incluso de que las voces comenzarán a sonar, nuestra presencia en este antiguo taller ferroviario había construido ya un poema. La gente sentada entre esa gigantesca maquinaria oxidada y repartida por el suelo con unas mantas térmicas, generaba un conjunto que evocaba. Tal era el ambiente de comunicación que se respiraba, que hasta los sordos podían entender a los mudos. También entre el público, se percibía esta comunión. Los muros que nos separan parecían de mentira.

A pesar de la dificultad que conlleva ser la encargada de iniciar la sesión y de hacerlo además en un idioma tan lejano a nuestro oído latino como el eslovaco, Niki Dékány ( Eslovaquia/Hungría) lanzó un enérgico poema que tenía firmeza de rayo y agilidad de serpiente. “No vale con sólo proclamar la libertad de las mujeres, hay que ejercerla también”, decía esta slammer, en un texto que denunciaba la hipocresía con la que sociedad condena a las mujeres a vivir su sexualidad.

Con ese tono en el que nos bombardean las preguntas cotidianas, Sara Hirsch (Reino Unido) nos puso delante del vacío que nos dejan los “podcasts”, “smartphones”, “tablets” y “laptops”. En su actuación, la slammer inglesa hilvanó una extensa lista de preguntas y consejos para mejorar nuestra eficacia tecnológica y nuestra organización vital, que concluían en un “are you?” que invitaba a la reflexión. Un texto cercano, crítico y con un toque de humor que hizo que el público conectara desde el primer momento con su spoken word.

Desde un lugar muy diferente nos visitó la voz de Çiğdem Y Mirol (Turquía/Bélgica). Su propuesta era un profundo viaje fónico que, más allá de las dificultades significativas de un texto recitado en turco, resultaba arrullador. “El llanto viene de la hierba, no de los campos”, nos repetía una y otra vez la slammer turca que generaba con sus palabras ondas de sonido que parecían olas y parecían abrazos musicales.

Siguiendo esta estela musical, aunque partiendo de unos pilares menos intimistas, Mick Mengucci (Italia/Portugal) se presentó de manera elástica y rítmica. Estirando sílabas y vocales hasta hacerlas bailar, su texto desprendía aliento de revolución frente a los “hijos de puta” que se han quedado con el mundo en propiedad a base de ganar “la lucha a corto plazo”. Frente a ellos, este versátil italiano que recita en portugués, proponía un remedio: “el contacto físico animal para saber lo que vale en esta era digital”.

Del proceso de creación, del puente que conecta lo externo con las entrañas, habló el representante español, Pablo Cortina. Con una monocromía susurrante, enriquecida a golpe de ingenio y “técnica poética”, el poeta asturiano llevó el micrófono un paso atrás del público para sentarse en una terraza, a la sombra de un árbol, donde la desatención del camarero y de las musas terminan trasformando las dos impaciencias en un poema.

“They call this poem…” un puño de raíz africana en el estómago obeso de la fragilidad occidental que nos plantó Kwame Aidoo (Ghana) con su recitar estático y sus poderosos versos “mas allá de aquí o de Haití”. Intenso tanto en la forma como en un contenido repleto de metáforas punzantes, este slammer de origen ghanés nos mostró lo infame y contradictorio que resulta el reflejo de esto que llaman primer mundo, a los ojos de quienes padecen en sus carnes la inviabilidad de nuestra ficción.

Caminando con su elegancia de gabardina, sus andares misteriosos y una sonrisa pícara, Méloé Gennai (Suiza) nos invitó a caminar con él en busca del “orgasmo de la langosta”, un animal que, como explicaba en el inicio del poema, padece la imposibilidad anatómica de sentir “los placeres de la contracción”. Un recorrido repleto de sutiles vaivenes fónicos que nos recordaba el poder transformador del sexo para dejar de vivir en las frías profundidades del océano y disfrutar de la espuma en la superficie soleada.

Antes de comenzar, Ken Yamamoto (Alemania) nos recordó las dificultades de traducir un poema y nos animó a prestar más atención a su voz que a la pantalla donde se proyectaban los sobretítulos. La voz de Ken mezclaba la precisión y la rabia en un torrente que tenía cierto aire de rap. Tras esta contundencia sonora también se escondía un contenido aguerrido en defensa de la “palabra poética” como arma de subversión masiva.

Tan entrañable como descarnada fue la defensa de la libertad en el amar que realizó Cat Brogan (Reino Unido/Irlanda del Norte), recordándonos que para esa compleja tarea de conectar sexualmente con otra persona “no hay cargador universal”. Siempre con la sonrisa acechando entre la acidez de su denuncia, esta Irish quijotesca cargó con fuerza contra los que se empeñan en seguir poniendo carteles de dirección prohibida en las carreteras del sexo y del amor.

Contra la fragmentación que proclaman los políticos y pensadores occidentales se alzaba el grito reivindicativo “claimer-disclaimer” de Raquel Lima (Portugal). La voz de esta slammer portuguesa desprendía una energía poderosa en el escenario mientras describía los muros de contradicciones que ha generado el egoísmo burgués, entre la esfera personal y la social. A pesar de un pequeño traspiés memorístico, supo recomponerse para recordarnos “que la unión ya no hace la fuerza”.

Ella fue la encargada de cerrar la primera ronda y, mientras Maria Helena del Pino y Yanito echaban las cuentas, nosotros nos echamos un cigarro, y ya de paso recorrimos las interesantes salas de exposiciones de La Neomudéjar. Llegados a este punto, advierto que he pasado por alto decir que el Master de Ceremonias fue el políglota poeta gibraltareño, que, además de un continuo y cómico Spanglish, se atrevió en su presentación con el portugués y hasta con el alemán para amenizar los interludios.

Volvimos a meternos al antiguo taller con ganas de más y, desde luego que la final entre Kwame Aidoo (26), Sara Hirsch (27) y Cat Brogan (28) no defraudó a nuestras expectativas. El encargado de abrir la contienda fue Kwame, que después de comparar los cientos de miles de palabras que contienen los diccionarios de distintas lenguas, nos recordó que “yo soy ashanti y nuestro diccionario está en la boca de la mujer más vieja”. Por encima de academias y gramáticas, el ghanés subrayó, con su estilo penetrante, la necesidad de tener “actitud de aprender palabras para crear mundos sin palabras”.

El segundo texto de Sara volvió a darnos muestras de su capacidad para encontrar las grietas por donde respira la poesía en las conversaciones convencionales. En esa situación en la que cualquier winner de turno nos pregunta aquello de “what do you do?”, la slamer inglesa nos confrontó a la distancia que existe entre quien siente pasión y cree en lo que hace y aquellos que tienen la vida atrapada en otro tipo de motivaciones. Incluso aunque al final uno se limite a contestar: “Yes, I´m just a clown”.

Las carcajadas que arrancó en su primera intervención se transformaron en un silencio denso cuando Cat comenzó a hablarnos de la indefensión que padece la víctima de esos abusadores íntimos que se disfrazan con piel de “primo, de hermano o de amigo”. Además de silencio, las dramáticas preguntas que la irlandesa lanzaba al público humedecieron las miradas, porque sus palabras consiguieron que, durante tres minutos, todos fuéramos partícipes del dolor que conlleva convivir con tu verdugo.

La final estuvo a la altura de lo que se vivió a lo largo de la velada. Textos y estilos muy diferentes, pero con una enorme calidad técnica y, sobre todo, con esa capacidad única que tiene la poesía para movilizar al unísono entrañas, cabeza y corazón. Después de dilucidar entre los pañuelos y aplausos (y no fue fácil porque a algunos nos parecía injusto aplaudir con menos intensidad a cualquiera de los tres), Sara Hirsch fue proclamada campeona de esta IV Muestra Internacional de Po3try Slam Madrid.

Antes de recibir el trofeo realizado por el artista Jesús Crespo, la slammer inglesa nos regaló una última descarga de emoción, abriéndonos las puertas al entramado de sacrificio y tragedia de su propia historia familiar, que transcurre en paralelo con la negra historia de la Europa del siglo XX. Recordando la fuerza del “It was worth the risk” con el que concluía el poema, se me despiertan las ganas de gritar que me brotaron al escucharlo.

Después de esto, pues foto de grupo y cena común y más palabras y más abrazos y más encuentro. Así hasta la mañana del domingo (cada uno con las horas de sueño que buenamente pudo) cuando nos tocó hacer el check out de esta acogedora y fértil, tremendamente fértil, morada que ha sido Poetry Slam Madrid.

Con una enorme gratitud por lo habitado y con energía para seguir construyendo espacios donde habitar, regresa a su llanura este humilde cronista.

Ramón Ruiz Ruiz

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