12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica de la III Muestra Nacional de Po3try Slam (2 dic 2016)

Todo acto comunicativo invoca un encuentro, y el arte, cualquier arte, es antes que nada un acto comunicativo. Si las palabras no consiguen trazar un camino de encuentro entre las dos libertades que habitan tras ellas, el decir se convierte en cacareo y lo dicho pasa de largo por nuestros oídos sin apenas rozarnos. Sin encuentro no hay sentido. Porque nuestro mapa vital no es más que la suma cartográfica de aquello que encontramos y aquello que nos encuentra.

Bajo esta atmósfera de encuentro transcurrió el intenso fin de semana orquestado por Poetry Slam Madrid, con la celebración de la III Muestra Nacional de Po3try Slam, la IV Muestra Internacional de Po3try Slam y también con la Asamblea General de Poetry ESLAM, en la que representantes de las sedes que integran la federación han acordado las nuevas vías -desde el menos visible, pero siempre necesario ámbito de la gestión- para que la red se mantenga viva y continúe creciendo.

La convergencia de eventos ha provocado una fértil convivencia entre poetas habitantes habituales de la oralidad. Sólo esta parte del encuentro ha sido todo un poema vital con el que se podrían llenar páginas y páginas, pero esa sería otra historia. En esta crónica, únicamente diré que, a mí, me ha servido para constatar que este movimiento, por mucho que conlleve una aparente competición, es esencialmente un espacio de comunión en torno a la palabra.

Todo comenzó la tarde del viernes con el ambiente de acogimiento electrónico generado por Moxe 13 en el salón de actos de las HHT de Madrid. Allí se celebró la III Muestra Nacional de Po3try Slam, en la que participaron nueve poetas llegados desde diferentes partes del país. El maestro de ceremonias fue Luis J. Lambas que, con su estilo directo y punzante, mantuvo viva la tensión poética en los interludios de la presentación.

“He pedido asilo político en el psiquiátrico”, decía Migueliyo Mora. Él fue el encargado de abrir la velada con un poema en el que las ideas y las imágenes se sucedían con una cadencia frenética. Como un “cura psicodélico”, el slammer madrileño arrancó con una oración castrista y a partir de ahí, fue entrelazando humor absurdo y crítica social, en una especie de rompecabezas verbal tan surrealista como dinámico.

La siguiente parada fue la estación de tren desde la que partía “el viaje que conducía a un sueño” de Montse Barrero. Con la voz desnuda de pirotecnias, la poeta asturiana, participando desde Cantabria, compartió con los presentes el peso de las maletas y nos hizo partícipes del trayecto desde la estación hacia el juego de la vida. “No me gusta Chamartín con policía”, pero allí comenzaba este viaje poético entre las entrañas del horizonte danzarín.

“Pelícana”, “huracana”, “planeta”, “galaxia”, “caníbala”, “ciénaga”, “escopeta”… la lista de cualidades de la mujer que bailaba en el poema de Cysko Muñoz era tan extensa como ilustrativa de la profundidad de su encuentro con ella. Hasta llegar a la necesidad de “poder por fin amarla”, el slammer del Llobregat atravesó toda una cordillera de tonalidades y de intensidad emocional.

Tampoco era manca la mujer que dibujó en su poema Catalina Isis. “Una mujer que no quiere ser musa”, “una mujer que solo quiere ser una mujer” y que se caga en los arquitectos del Parnaso (si fuera menester). Dividida entre la primera persona de la valenciana y cualquiera de las que continúan pisoteadas en el mundo, Catalina utilizó el final de un amor “poco trágico” para recordarnos “cuanto daño, el merecer” les sigue causando.

Creíamos saber lo que era un “improperio” hasta que DYSO nos preguntó “¿Qué es un imperio impropio?”. Haciendo una especie de break dance conceptual, los juegos silábicos de este equilibrista ciudadrealeño desembocaban en el estómago de la conciencia social. Da igual “que te vacunen de Bakunin”, su “cardiopatría” inoculaba significado y su dominio de silencios lo amplificaba todavía más.

De vuelta al amor, esa “catástrofe” que se produce “cuando se unen dos negligencias”, Tomeu Ripoll hizo la cuantificación poética de una vida en común, utilizando para ello un estilo entre fiero y acogedor. Describiendo uno de esos amores que saben latín, el poeta mallorquín nos explicó cómo se consigue amar a “dos mil kilómetros por hora” cuando dos miradas “se quedan a vivir en un cactus”.

Todavía como germen, el amor que quería construir Taro Trup era una lucha contra viejos cuentos de princesas, dragones y castillos que ya no se sostienen. Invocado desde un espacio susurrante, el relato representado por el slammer granadino nos daba la bienvenida “al show de la vida”, poniendo el acento en las actualidades que se mezclan con los antiguos arquetipos.

Desde el suelo brotaba el “wake up!” que nos gritó Olaia Pazos, en su combate corporal contra la apatía y la mediocridad de los hombres grises. Recitando con cada uno de sus músculos, la slammer gallega, que participaba por Madrid, nos contagió de su enérgica rebelión contra la parálisis que inunda los salones de mando. Su intervención fue sin duda la más policromática y a base de recordarnos lo absurdo de flotar en “sangre caracol” iba hilvanando sus exclamaciones. “Señores diputados, yo soñé otra cosa”, les decía.

El encargado de poner fin a esta primera ronda fue Dani Orviz. También el asturiano, participante por Slham L’Hospitalet, tuvo al cuerpo de aliado en su descenso a los infiernos del muro. Su rítmico y cómico “dale pa abajo al muro del Facebook” era un minucioso retrato de los horrores posmodernos que se nos acumulan en nuestras virtualidades cotidianas. Con el dedo en la pantalla imaginaria y los pies marcando el tempo, la sala secundó la llamada y se sumó a su musicalidad.

Después de que Maria Helena del Pino echara las cuentas – hubo que recurrir a las pizarras no computadas para desempatar el cuádruple empate a 24 (Olaia, Tomeu, Cysko y Catalina) en el tercer puesto- los finalistas de la Muestra fueron Dani Orviz (27), Dyso (25) y Catalina Isis (24).

Fue Catalina la que inició la ronda final con un texto en el que imploraba equilibrio al amor “que no sea una inversión”, sino que sea capaz de “guardar una cajita de silencio y vacío en todos los momentos de euforia”, hasta que sea tan, tan amor, que nos permita no necesitar.

“Los problemas ya no son de matemáticas y cuantas más temáticas, más te masticas”, decía en su segundo poema DYSO, que compartió los efectos de su particular “Semana Santa Estomacal”, después de haberse percatado de que “la procesión va por dentro”.

Dani Orviz pasó del simple taconeo a convertir todo su cuerpo en una caja de resonancia, “pero con funky”. Con esta autopercutida base rítmica, el asturiano recorrió las etapas de un ser en crisis vital al que recordaba: “llevas toda la vida bailando a un son que alguien marcó por ti”… “pero con funky”.

Después de esta ronda final, el público, con sus aplausos, tuvo que tomar la siempre complicada decisión de escoger entre propuestas difíciles de comparar. Pero como ya habían hecho antes los portadores de las pizarras, esta vez con gritos y aplausos, el público se decantó por Dani Orviz que ganó la III Muestra Nacional Po3try Slam organizada por Poetry Slam Madrid.

Antes de que las hordas “escuchantes” dejaran sus asientos, Dani Orviz se despidió con un texto sobre zombies alfabéticos que nos comen el lenguaje. Un divertido entramado de siglas y sílabas que, más allá del juego fónico, traía mensaje oculto: cuidado con el decir porque nos hace ser lo que somos.

No se acabó aquí la noche. La comitiva poética se trasladó hacía Malasaña donde, después de unos prosaicos y nutritivos bocatas, pudo seguir fluyendo en la Jam del Café Bar Santa Bárbara 8. En un ambiente más cercano y relajado, los poetas madrileños, nacionales e internacionales, compartieron un amplio mosaico de estilos, idiomas y ritmos en torno a la palabra. A partir de aquí, el encuentro se fue ahondando a base de conversaciones, brindis y bailes… pero esa es otra historia.

Ramón Ruiz Ruiz

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This entry was posted on December 9, 2016 by in Uncategorized and tagged , .