12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Madrid de Noviembre en El Intruso (Celia Peláez)

Todo lo que no sea poesía me molesta. El verdadero momento de creación es hoy. Rajoy es la única máquina que el PP no ha formateado. Hay un tiempo nuevo, es como el antiguo, pero mola un huevo. Así empieza el Slam de Noviembre, para variar.

Alguien ha dejado una barra de pan a la entrada del Intruso. Otro alguien le ha dicho que no se preocupe, que en un recital de poesía nadie va a robar una barra de pan, que a la salida la puede recoger. Poetas muertos de hambre es un concepto que se utiliza mucho pero que no es real y lo sabemos todos, aquí no hay miseria, tenemos todos el Mercedes en la puerta. Vengo andando y ya va haciendo un poco de frío para alguien del sur, los del norte pueden ir en manga corta. La línea 1 está a punto de abrir y se comenta que tendrá wifi y asientos acolchados después de todos estos meses de sufrimiento. A mí en realidad me da bastante igual, porque en una semana (spoiler) desaparezco del mapa, que seguramente a la mayoría también os dé igual, pero a una minoría sé que no (Gracias, fans).

El poeta invitado de hoy es Miguel Ángel Fernández Núñez, parece un chico tímido, es muy joven. Algunos con 22 años van a Gran Hermano, otros a Operación Triunfo, otros son becarios precarios, otros son estrellas Disney y Miguel Ángel a sus veintidós ya ha participado en un Slam Nacional. No nos consta, de momento, que haya ido también a GH. Viene nervioso al mismo tiempo que entusiasmado desde Ciudad Real. Y se le ve auténtico.

“Qué repugnante me parece la vida cuando no sé reconocerme en ella (…) qué agonizante parece el tiempo cuando todo va lo suficientemente lento como para reconocerlo”. No lee, lo trae todo en la cabeza. En otro de sus poemas habla de la resignación, dice que se altera y se indigna fácilmente en muchas discusiones, pero que resignarse también puede ser una opción. “De nadie estamos más lejos que de nosotros mismos (…) ponerse frente al espejo para ver la debilidad de la carne (…) los huesos crujen en la violencia de la oscuridad (…) las luces ya no lucen, los fuegos ya no calientan, en el hospital más cercano alguien confunde a su hijo con un extraño (…) el hombre de este lado el mundo es el mismo que carga las armas. Aunque no me reconozco guardando silencio en este diálogo de sordos”. Miguel Ángel promete mucho, y el hecho de que explique uno de sus poemas es, aunque innecesario, casi tierno. Un tío transparente y sin filtros. Su último poema romántico también es muy aplaudido.

El primer poeta de la noche es ya amigo del slam madrileño. Ha vuelto Diego Mattaruco, que quita el pie de micro al sube al escenario y empieza a “disertar sobre la suerte que puede ser como un desierto (…) En el arte de abrazarte está la suerte” su poesía cacofónica casi se convierte a veces en trabalenguas: “cómo ver suerte entre tanta muerte, si la vida nos coarta, si parecemos descartes”. Si algo tiene Mattaruco es pasión por cada palabra que dice y cómo la dice. “Lo que no nos hace sentirnos foráneos es llegar a lo sucedáneo (…) cría lo que crees y ya verás, cambia tu suerte”. A la gente le encanta, sobre todo a los que no lo han visto nunca, y, aunque es el primer poeta, va directo a la final con 27 puntos.

Alejandra Martínez es la segunda. Hace algún comentario de admiración al poeta anterior y empieza diciendo que “Yo, de poeta, no tengo nada”. Que para no tener nada de poeta, no le va nada mal cada vez que se sube a este escenario. Va explicando y razonando que no tiene nada ni de poeta, ni de gitana, ni de andaluza… con decisión y seguridad, habla de lo que se dice y de lo que en realidad se siente, de que nadie ama los días lluviosos aunque esté de moda decirlo. “Nadie, nadie, nadie… Pero, ¿Quién coño es ese nadie? Todos sabemos de todo y nadie sabe de nada. Aquí follamos todos o nadie va a acabar en el río”. De memoria y del tirón, me gusta la decisión y la actitud de Alejandra en el escenario. 25 puntos para ella.

La tercera poeta es debutante, se hace llamar La llorona y sale a recitar un “Poema en acústico”. “Me prometiste que esta canción la cantarías conmigo aquí (…) seríamos la altura infinita del ojo derecho de Bowie”. Poema romántico musical que obtiene 21 puntos y un aplauso.

A Alba Águila también la conocemos ya y viene leyendo tranquila, con calma, sin un ápice de nerviosismo: “Ahora que los perros han decidido sacar a pasear tres veces al día a sus dueños, que las cajas de música ya no se abren, ahora que nos hemos acostumbrado a la corrupción (…) ahora que nos pisan sin cuidado (…) ahora, miedo (…) miedo a sentirme libre sin nadie (…) miedo que no te tengo a morir, sino a vivir así, sobreviviendo.” Esta joven andaluza de voz ronca escribe bien, cae bien, y aparenta o tiene una seguridad que no tienen todos los de su edad en el escenario. Tampoco nos consta que a sus 22 haya ido ya a OT. 22 años y 22 puntos para ella.

Guillermo RM también es un habitual del slam y viene hoy a contar tres cuentos de Jorge Bucay poetizados. El primero, sobre un elefante y liberar energías, el segundo, sobre una planta que quería ser la mejor versión de ella misma, el tercero, sobre un reino muy parecido a España, habla de impuestos y de engaño, de cambiar el agua por vino sin que nadie se dé cuenta. 19 puntos para él.

Rase Tapándari, debutante muy alto, aparece en sexto lugar. Coge el cable del micro cual rapero, tarda varios segundos de silencio en empezar, no tiene prisa, los mejores profesores de conservatorio dicen que, sobre el escenario, mejor pensar las primeras notas durante varios segundos antes de empezar a tocar. Y eso hace. Mantiene al Intruso en silencio y empieza, en algún momento parece que le asoma acento gallego. Seguro, moviéndose de un sitio para otro, habla de que la economía es la nueva teología, de que el Reino de los Cielos es el verdadero orden mundial. “El cielo es el paraíso fiscal, tributar es cosa terrenal”. Con buena voz, tranquilidad y decisión. “Para que haya un cielo, ha de haber un infierno (…) al diablo con la proyección del yo, el mal habita en la peculiaridad de cada individuo”. Se toma en serio cada cosa que dice. Quíntuple ocho en las pizarras, y 24 puntos.

A continuación, María Luisa Barajas. “Poemas trascendentales para un slam, y que estos versos, tal vez banales, te hagan pensar”. Puede parecer una contradicción que recite rimando a la manera clásica y que al mismo tiempo lea del móvil, pero es así de guay. “Verás que todo tendrá sentido, que te quedan por delante muchos momentos, en ti habita lo divino, eres efímero y tierno, has aprendido las fronteras del espacio y del tiempo”. 21 puntos para María Luisa.

Llega Luciano, sin micro. “Estoy afectado por una tristeza rala, pero me queda un amago de entereza, seré náufrago entre ellas, más que poeta”. Con pasión y coraje, en su línea, casi gritando, no llego a pillar el verso entero pero sí el final optimista, con decisión: “… para intentar ser feliz, incluso cuando vienen mal dadas”. 25 puntos para Luciano.

Cristina García, que últimamente se queda siempre cerca de la victoria, viene hoy dubitativa: “No sé, no sé, no sé, no sé por qué no entiendes que un piropo no debería ir más allá de que tengas un buen día (…) lo intento entender pero no lo sé, no lo sé”. Habla de las limitaciones de vestir para las mujeres, de atacantes y atacados, de defensas cuando el ataque es algo normal, cuando ahora ya todos atacamos. “La sociedad ha creado monstruos que no aceptan un no. Los monstruos son hombres, son mujeres, están por todas partes… ahora los monstruos son algo normal. Puedes ser tú, puedo ser yo, dónde queda la cultura de la dignidad, de mi propia integridad. Pero no lo sé, no lo puedo entender, joder”. Yo tampoco lo entiendo, ni eso ni lo de Rajoy. 24 puntos para Cristina y un gran aplauso.

Antonio Díez en décimo lugar, hoy no viene con camiseta roja, hoy viene afónico, muy afónico, así que más que recitar, susurra un poema, una conversación con una concejala que le dijo que ella había corrido delante de los grises. Una valiente. Como con misterio, en voz baja, nos cuenta la historia: “Yo he corrido delante de los grises para que ahora trabajes sin contrato, para que te jubiles a los 67, para que haya 5 millones de parados (…) tú, que has corrido tanto tanto delante de los grises… para salvar tu culo”. Muy aplaudido, se lleva quíntuple nueve: 27 puntos.

Penúltima poeta, Ixchel Alarcón. Lee con tranquilidad un poema de desamor. “La ruptura comenzó en el mismo instante en que la distancia nos perdió. Nos dimos la espalda (…) vivo tu historia cambiando el final”. 21 puntos para este poema llamado “Frágil”.

Luis Cano es el último, y tampoco lo conozco. “Mi cabeza es un piso destartalado en el París de los años 70 (…) felicidad es un deseo al que nos aferramos con fuerza, tenemos todos marcas de bala y las paredes intactas (…) los soñadores siempre reconcilian a la humanidad”. Trae papel, pero ni lo mira. “Mi cabeza es el peor de todos los planetas Tierra (…) mañana saldrá el sol por donde pueda”. Me gusta aunque no he podido pillar muchos más versos, 24 puntos para él.

Vuelve Miguel Ángel, y pide a la gente que se tape los ojos para escuchar el siguiente poema. Dice que cree que la poesía debería ser ciega, que sólo deberíamos tener en cuenta el texto y no la escenificación. Justamente el formato slam va de eso, pero vale, estando de acuerdo o no, lo que propone me parece un experimento genial sobre todo porque ocurre lo inesperado en estas situaciones: la gente le hace caso, miro a mi alrededor y todo el público tiene los ojos cerrados o la mano sobre sus ojos. Soy yo de las pocas que hace trampa. Y la fotógrafa, por razones obvias (o no tan obvias, qué poco arriesga esta chica). “Me obligo a respirar el humo de tu boca (…) saber pronunciarte cuando sigas aquí, estrujando el frío entre tus manos (…) tus labios temblorosos me arrancaban los suspiros de la boca (…) Te apagas, te extingues, desapareces (…) Le cantaré al desamor una vez más, en cualquier bar en el que tú ya nunca estés”. Termina sonriente y la gente abre los ojos para aplaudir.

En su último poema habla del final de la relación “sobre la que siempre escribo”. Dice que no quiere enrollarse, pero que le han gustado mucho todos los poetas, y que está nervioso. Y como está nervioso, le sale todo tan espontáneo que no sabe lo que es el postureo en el escenario. “Yo ni siquiera estuve allí cuando los altavoces dijeron de tu nombre en el aeropuerto (…) los restos en descomposición de lo que fuimos (…) sigo encontrando un poema en cada rasgo de esta estúpida rutina sin ti (…) tú, que ni siquiera llegaste a quedarte, tú que me juraste que volverías”. Acaba muy feliz y agradece mil veces la invitación y los regalos de Poetry Slam Madrid, se le ve emocionado pero no más que luego, al salir, en la puerta de El Intruso, cuando, al verlo tan ilusionado, le regalamos una camiseta de Poetry Slam Madrid y confiesa que habría venido aunque sólo fuese por la camiseta. No se puede ser más de verdad.

La final la juegan Alejandra Martínez, Antonio Díez y Diego Mattaruco.

Alejandra dice que le encantaría que todos los que se subieran a ese escenario recitaran de verdad, con un trocito de alma. “Me encantaría decir que no tengo miedo a nada, que no me da la nostalgia los domingos. Me encantaría ser una persona con matices, que cualquier actriz quisiera representar, pero le tengo miedo a todo, miedo al miedo y miedo a mí. Me precipito siempre y me doy cuenta de que somos sustituibles, no sé volar pero a cada niño que conozco le cuento que una vez pude (…) Todo esto no es verdad, pero me encantaría”. Bravo Alejandra, que parece que miedo escénico tenga cero.

Diego Mattaruco vuelve hablando de etiquetas que te encasquetan: “frikis, hipsters, chonis, canis (…) no te acotes, lo que hace que destaques no son las etiquetas”. El público le ayuda con ese ya conocido estribillo: “No te acates etiquetas, ¡No te acotes! (…) basta de usar etiquetas como ataques”.

Antonio Díez, que a estas alturas de la noche ya tiene voz de Voldemort (llevo dos crónicas citando a Voldemort y no sé si esto es bueno o malo), habla de lavar Madrid. “Madrid está lleno de mierda (…) la venganza del dinosaurio, el dinosaurio es toda esta mierda que nos rodea, el humo que nos enferma, el dinosaurio es vertido y no es divertido, es Bertín Osborne, vertido Osborne. Bertín, eres la mierda que nos rodea. ¿Bertín Osborne? ¿Bertín os pone? La venganza es hoy y aquí, el dinosaurio es hoy, buenas noches señora, hasta la vista”. Le aplauden mucho, mucho, y, aunque está cerca Mattaruco, gana finamente Antonio Díez, que, afónico y todo, lee un último poema breve que dice que se lo plagió a Lope de Vega porque sabía que estaba muerto y que habla de promesas políticas.

Y hablando de Lope de Vega, el día 25 habrá Slam en la Casa Museo de Lope de Vega para celebrar su nosecuántos aniversario. También habrá próximamente evento poético en Miraflores de la Sierra, y el primer finde de diciembre, Poetry Slam Internacional. Estamos que lo tiramos. El destino ha querido que este slam y mi cuaderno de periodista se acaben al mismo tiempo, escribo estas cosas en la última hoja y no es casualidad. Bueno, en realidad sí.

El dueño de la barra de pan, con toda la preocupación que tenía por los poetas muertos de hambre, se la ha olvidado y no sabemos qué hacer con una barra de pan un miércoles a las doce de la noche. Ahora resulta que ningún poeta tiene hambre. Y bueno, os parecerá poco, pero yo ya no tengo nada más que contar, esto es todo por hoy, ya está bien, me voy. Como dice Xoel López: volver y contarlo será maravilloso. Si veo que encuentro un slam exageradamente mejor que el madrileño os llamo, os echaré de menos lo justo, sin fliparse. Un placer y una suerte este año de cronista, que no tronista. No os mováis mucho, que vuelvo.

Celia Peláez

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This entry was posted on November 8, 2016 by in Crónicas, Uncategorized.