12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Madrid de septiembre 2016 en El Intruso por Celia Peláez

Ya es septiembre, Amaral diría no quedan días de verano mientras Pedro Pastor diría el verano tiene que morir, mientras Shakira, ajena a todo esto, sigue diciendo, cual poeta, lleva-llévame en tu bicicleta, mientras Luis J. Lambas dice que hace mucho calor de una forma muy científica y no sé qué de radiaciones que llegan a Júpiter.

Después de recorrerse las playas de España, de selfie en selfie, de festi en festi, y con el espíritu de un veraneante permanente, la gente vuelve ilusionada y morena al Slam, con el correspondiente síndrome post vacacional que sólo tienen los que se van de vacaciones, y buscando el aire acondicionado porque fuera el verano parece que está empezando otra vez. Nos estamos acostumbrando a que esto esté bien lleno y al final se nos va a subir a la cabeza.

El invitado de hoy es Tomeu Ripoll, uno de los grandes del Slam de Mallorca. Aparece en el escenario, cierra los ojos y se concentra. Al escuchar su timbre gravísimo, parece que esté empezando la voz en off de una peli de miedo, sobre todo cuando habla de comer seres humanos. Muy teatral, casi como un actor de doblaje, inmóvil, con presencia, El Intruso en absoluto silencio escuchándolo. Habla de suicidios, “Hay suicidas con buenas cartas que fingen que pierden, se lavan las manos, cuentan calorías, escriben poemas y después los recitan”, de poetas, “Buscar unas gafas, unas que no sean de poeta, para ver de lejos”. Uno de sus mejores poemas habla sobre los refugiados: “Un incesante silencio armado de todas las fuerzas del miedo” y le sale de dentro cada palabra. Entonces sale su hija al escenario, 16 años, hacen un dúo, gesticulando, interpretando, puro espectáculo a dos voces en el que se coordinan y complementan a la perfección, con mucho ritmo, casi como una canción con estribillo, a veces al unísono, a veces alternándose. La entonación de ella me recuerda por un segundo a la de Dante Alarido, parece que lleve toda la vida en el escenario: Tantanes de tanto tinto y tanta tinta para tanto tonto y tanta tonta”. Esto se llama team slam, y nunca había visto esta compenetración en un Poetry Slam. Bravo.

Comienza el concurso con alguien que no conozco: Guillermo R.M. Muy joven, su poema se llama “Expectativas”. Habla de venir a Madrid, de estrés, de nuevas oportunidades y de ella. “El tiempo no debería ser un problema porque no existe”. Levanta la voz con decisión para decir “Puedes porque piensas que puedes, la opinión de los demás es irrelevante”. Con decisión y sin aparente nerviosismo. 21 puntos para él.

La segunda participante se llama María Luisa y también es novata. Recita rimando a la manera clásica, habla del Poetry Slam, de las musas que inspiran sus poemas, hace un recorrido por los dioses y la mitología, gesticula mientras lee y las pizarras le dan 22 puntos.

En tercer lugar llega Gata Cattana, conocida de la escena madrileña, rapera y poeta o poeta y rapera. Habla de su relación con Madrid: “Te sienta bien la contaminación (…) ¿Soy yo la que se parece a ti o eres tú que me has estado tentando hasta convertirme en lo que tú querías?”. Se mueve por el escenario mientras lee del móvil: “y eres tú la que se parece a mí, la que ya  quisieras parecerte un poco a mí, ya quisieras”. 23 puntos para ella.

Cristina García, ganadora del último slam de julio, sale a recitar un poema sobre una galería de arte que cierra. Lee con bonita entonación mientras se le adivina uno de esos nerviosismos que le dan absolutamente igual. “O la galería, o tener tiempo para vosotros”. Hace un recorrido por todo el arte que vio en aquel lugar, “Si la vida no fuera tan puta, no me pesaría hoy el corazón ante otro pedacito de cultura que muere en Madrid”. Lo cuenta tan bien, que veo las puertas de la galería cerrarse para siempre cuando termina su poema. 22 puntos que me parecen pocos.

A continuación llega Alejandra Martínez, segura y decidida, mirando al frente, habla del verano, de recorrer Marruecos y de volver a las redes sociales para que vuelva a importarte todo lo que en realidad no te importa. Cuenta un viaje que le cambió la vida pero en el que se dio cuenta también de lo que no echaba de menos: “Todo lo que me ofrece la vida contigo es condena”. Canta un trozo de una canción de La Raíz y sigue hablando de viajes a Santiago y a Sevilla. Sí, ha echado de menos a su gente y al slam. 24 puntos y un gran aplauso para ella.

Pablo Cortina en sexto lugar. “Este poema es extraordinariamente lírico, este poema contiene las siguientes palabras: amor, primavera, jeroglífico”. Con su habitual lentitud y tranquilidad, entre silencio y silencio, lee, gesticula, y mira al público: “Este poema se revelará, solamente tras oírlo, humorístico”. Se calla, sonríe, la gente se ríe. Se lía un poco hablando de lo que son y de lo que no son las palabras. “Este poema también se revelará trágico al finalizar (…) este poema contiene las siguientes palabras que morirán al decirlas: amor, primavera, jeroglífico”. Risas detrás de mí, termina y mientras pienso que me ha hecho gracia también pienso que, en poemas como este, las pizarras nunca se sabe por dónde van a salir, pero 24 puntos, y hasta ahora de los primeros, así que ni tan mal.

Antonio Díez, pluriganador de no sé cuántos slams ya, dice que ha estado todo el verano leyendo libros de autoayuda y nos va a dar unos consejillos. “Conózcase, cáigase bien, respire, afronte sus miedos, encienda la tele, no pase miedo, apague la tele, vaya al Alcampo, compre camisas, funde Podemos, respire (…) no pierda la esperanza, persiga la esperanza, intente ponerle una multa a Esperanza (…) haga ejercicio, coma verduras, acuéstese pronto, vaya a un slam, puntúeme alto”. Mezclando palabras como siempre, termina llegando a Jarcha y a su Libertad, sin ira libertad antes de gritar “¡Respire! ¡Respire!”. La gente se ríe, 27 puntos para él.

Aída B. Garzón es la siguiente. Siempre recita con la elegancia de la tranquilidad, del aparente cero nerviosismo, leyendo del móvil. Habla de pastillas y de centrifugar una idea, de que se haga pedazos y se pierda en el agujero negro del patio. “Centrifugar la idea, me dicen en la consulta. La tendí, y luego estaba tan seca que se hizo pedazos”. Me gusta esta poeta y aplaudo yo también a los 25 puntos.

Yanito sube al escenario sin papel para dedicarle un poema a Lorca. “Verde, amigo, ya eres verde (…) la suerte ya estaba echada, la rabia descontrolada (…) verde, amigo, ya eres verde, verde viento, verde ramas”. Con fuerza, sin pie de micro, entusiasmado en cada palabra, mirando a todas partes: “Más que verde, eres luz, verdad y hierro, la guitarra, el taconeo (…) Aún no he hecho un arma que destruya tu elixir, qué bonito ver volar todo lo que tú has creado con el verso, con el verbo amar”. Termina con emoción en cada palabra y quíntuple 8 en las pizarras, 24 puntos.

Boadicea es la siguiente. “Tengo  tantas brújulas cosidas al pecho y ninguna me sirve”. Frunce el ceño, muy expresiva, gesticulando. “No anhelo nada que no sea artesanía, peino las palabras y les doy de comer (…) los hombres llaman a mi puerta, traen fruta, pero jamás la recolectan”. Con decisión, vocalizando y cuidando cada sílaba lentamente: “Protege brazos, es todo lo que necesito, hay un barco y soy yo.” 20 puntos, que se quedan en 19 por pasarse de tiempo.

Olaia Pazos pisando fuerte viene a por todas. “¿Por una puerta se entra o se sale? ¿Un país es casa o hambre? (…) Se me está olvidando la palabra casa”. Sin papel va de un lado a otro, haciendo gestos, poniendo caras, con su característica entonación, con su estilo tan propio, lento, rápido, esta poeta es puro espectáculo. “¿La frontera te entra o te saca? (…) Refugiados sin fronteras, no entrar, vuelvan, no entrar, se me está olvidando la palabra casa (…) Personas sin país, sin casa, sin más que hambre”. Bravo Olaia, aplausos y 26 puntos para ella.

En último lugar Raquel Ferrer, con su estilo teatral viene hablando de que estamos rodeados del número 3. Va rimando, lee: “Hay tres tipos de triángulos, de figuras, de estados, de espacios, de dimensiones… (…) el omega 3, los triglicéridos, tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor (…) dórico, jónico y corintio, tres reyes magos, clave de fa, sol, y do, tres clavos de Jesucristo, a las tres del a tarde murió, a los 33 y años, resucitó al tercer día (…) sólo pienso en tener trillizos en un trineo mientras me hago unas trenzas (…) Tres minutos dura un slam”. La gente se ríe, y se cuela en la final con 26 puntos.

Vuelve Tomeu, recita dos poemas solo. Uno sobre los 25.000 niños que mueren de hambre al día, “niños muertos de polvo, vivos de miedo (…) nos tratan como a ganado, por eso sabemos lo que es la manada, pero la mierda también arde”. Su segundo poema habla de cuando iba a ser padre, de la valentía, “si la suerte es tan de nadie y la muerte es tan de todos” pone la mano como tocando un vientre embarazado. Se le notan las tablas y la pasión por lo que hace, lo disfruta desde la calma, y a la gente le gusta mucho. Vuelve Alba Ripoll, que luego me enteraré de que ya ha compitió en un slam nacional con 15 años, y recita a dúo con su padre un poema escrito por ella. Con fuerza habla de cuando la insultan, a los que la insultan: “Algún día una vida puede depender de mis palabras, incluso de la tuya, y me has enseñado a callar tan bien”. Se alternan, se van haciendo el eco o van al unísono, se miran: “La tristeza es un lugar tan ambiguo, que una lágrima duda entre morirse de sal o suicidarse en cristal para formar mil estrellas”. Apuntad su nombre, que esta chica promete mucho. Bravo, bravo.

La final la juegan Antonio Díez, Olaia Pazos y Raquel Ferrer.

Raquel habla de trabajar repartiendo botellas de promoción gratis, y cuenta la historia de terror de los viejecitos que vuelven y vuelven y no dejan de pedir al escuchar la palabra gratis. Olaia abre los brazos y casi parece improvisar al hablar de cadáver exquisito: “La lejanía de acercarnos como teoría reivindicativa de un todo indisoluble”. Antonio saca su poema que habla de gente “despreciable, ble, ble, de situación insostenible, ble, ble, intorelable, ble, ble, incorruptible, ble, ble… Hacienda somos todos, bla, bla, bla, la solución es ble, ble, ble, ese problema se irá haciendo invisible, ble, ble… que se vayan todos al diablo, blo, blo…”

Tras la ronda de aplausos, gana Antonio Díez y, tras agradecerlo al público, lee un poema final sobre los Tres cerditos, en el que habla de los lobos del banco, de hipotecas y burocracias, de desalojos y antidisturbios.

Y hasta aquí la vuelta al cole de la poesía. Nos vemos en octubre, sin calor, sin gobierno, sin vacaciones, sin saber qué vamos a hacer mañana y sin importarnos tampoco mucho. Escriban, que es gratis.

 

Celia Peláez

Information

This entry was posted on September 12, 2016 by in Crónicas, Uncategorized.