12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Madrid de mayo 2016 en El Intruso por Celia Peláez

Contraprogramando a Silvio Rodríguez, Aute, Ismael Serrano y Luis Pastor en Vallecas, hoy hay Slam en El Intruso, que esta vez no está a reventar porque no pretendemos competir con ese cuarteto de poetas intergeneracionales y en algunas casas prácticamente legendarios. Hay fútbol también petando audímetros, pero eso nos da igual.

A las diez y cuarto llega Luis al escenario, dice que ayer le hicieron un test de alergia y tiene alergia a los test de alergia. Y luego relata un montón de cosas a las que tiene alergia: a los indies, a los cantautores, a Ocho Apellidos vascos, a Bertín Osborne, a Master Chef y a Master Chef junior… y así hasta el infinito. “Enrique Iglesias es el único que quiere estar conmigo”, dice antes de hablar de Vicente Drü, poeta invitado, que dice que es un puto crack y lo presenta con un: “Es uno de esos momentos en los que la vida se parece al arte”.

El invitado viene con una tablet desde la que va leyendo poemas pausadamente, como quien cuenta una historia a unos amigos con una mano en el bolsillo. “Adivino las cartas del oponente basándome en las que me faltan”. Y no sé si son las luces o su tono o el silencio, pero me parece que casi podríamos estar alrededor de una hoguera, porque me acuerdo de Dani Orviz hace unos días diciendo que la poesía de ahora es volver un poco a lo más básico, a los principios, a contar una historia y a escucharla, a sólo necesitar voz y gente escuchando. “Arrinconamos todos los muebles en barricadas hasta convertir la desconfianza en tiroteo”. Voy apuntando muchos versos y la mitad se me quedan a medias. “Presenciamos la caída de los cielos y nos dio igual”. Asoma un deje andaluz y se ve que no sólo me ha gustado a mí, porque sale Luis otra vez y dice “Vicente Drü es poesía” antes de dar paso al primer poeta que compite.

Pablo Cortina es el sacrificado del público y habla de los poetas fuencarraleros. Lee de un papiro o de un A3 doblado en dos, mientras nos cuenta cosas sobre los jóvenes bohemios y poetas que decoran Malasaña, dice que si eres chica hay que hablar de pollas, de coños, de Escandar, y si eres chico, dejarte barba. Al final ya ni mira el papiro, mientras dice “¿Qué es poesía? Dices mientras clavas mi pupila en tu pupila marrón. Pero no me lo preguntas, sólo lo dices en voz alta. Así que yo no voy a contestarte”. Con su habitual tranquilidad y voz grave, pero sufriendo ser el primero, se lleva 21 puntos.

El segundo poeta es Ex Purgatorio, que habla de senderos rodeados de rascacielos, aviones cayendo sorprendidos. Con voz teatral, abre los brazos, gesticula mucho, sin papel, habla de nuestro valor en el mundo, de números tatuados en los brazos, de crecimiento, superávit, de transgénicos, de ropa de marca, de putas y homeless, de la información objetiva y de que todo está en los libros, “y yo, que estoy que trino, no insulto”. Termina repitiendo uno de sus versos: “las putas no existen, los homeless no existen”. Muy buena voz y muy buen recitado, aplausos y 22 puntos.

Y llega Antonio Díez, que cada día me pone más complicado intentar contar lo que hizo. Intolerable, ble, ble… irrepetible, ble, ble… incorruptible, ble, ble… inadmisible, ble, ble… inimputable, ble, ble… Hacienda somos todos bla, bla, bla. Cuanto yo más bla, bla, bla, ustedes menos ble, bli, blu. Este problema se irá haciendo invisible, ble, ble… Termina casi balbuceando del follón que tenemos liao en España. ¡Todos al diablo, blo, blo!
Y 22 puntos, que no sé qué pasa que estamos hoy muy a la baja.

En cuarto lugar Luciano, sin micro, poema que se llama Poesía. “Poesía es el placer sucinto del odio triste, el hazmerreír de las huellas que va dejando el destino.” Sin gafas, gritando, emocionado como siempre, tiene ya un club de fans que le aplaude entusiasmado. 20 puntos para él.

Quinta poeta, Raquel Ferrer, ganadora de abril, con su estilo cacofónico: no importa cómo me porto, ya no peso, ya no poso, sólo puedo pensar en mi paso. Vocalizando muy bien, interpretando un poema de desamor. “¿Qué puedo inspirar, qué puedo esperar? (…) Patética payasa que permite que me prives de mis pasiones (…) te presupones que me pones, que para mí no hay otras partes que tus partes”. Termina gritando: “Sin ti pretendo vivir y tener mi propia experiencia”. Muy buena interpretación y muy bien recitado, Raquel tiene un estilo muy propio y se pone en cabeza con 23 puntos.

La sexta poeta es Eero Belhak, aún no la conocemos, viene de negro y recita de una hoja de libreta, mira hacia abajo pero no parece nerviosa. “He visto sus ojos en luciérnagas (…) me he convertido en estrellas, he controlado el fuego con mis manos, la lluvia con los ojos”. Habla de astros y constelaciones, y termina diciendo “Cariño, mírame cuando te hablo… (…) para que compruebes que por dentro, yo soy el universo”. 21 puntos para esta poeta debutante.

Oscar Rough es el siguiente, no lo conozco, empieza diciendo con convicción “Los borrachos claman a la noche” y luego baja la voz, trae papeles pero no los mira: “atrás quedará el trabajo, las risotadas matutinas… (…) lo dejaré todo menos a mí”. Y 19 puntos para Oscar.

Tras algún que otro chiste de Luis, llega Alejandra Martínez, que ya la hemos visto alguna vez. Viene con amigas que le aplauden mucho. Alejandra tiene fuerza en el escenario, seguridad. Habla de las preguntas estúpidas que les hacen a los artistas. “¿Eres actriz? A ver, llora” Con decisión, con la convicción de sus veintiún años, “La soledad de la libertad es un triunfo (…) bienvenidos a la complejidad del mundo, de las que se cagan en Dios y van a las procesiones”. 25 puntazos le dan las pizarras.

Joshuel es el siguiente, “la he visto besar unos labios que no eran los míos”. Habla de desamor sin papel, de que ella ya está con otro, tiene la mirada perdida en algún punto y pausadamente recita “miro su ausencia cada día, la veo sonreír al pasado, me quiere a su manera en ese mundo en el que aún no existo. Ella sigue siendo de todo menos mía”. 18 puntos para Joshuel.

Poeta del montón pero todo el montón es suyo, dice Luis presentando a Aurora Boreal, quien después de un cursillo express de manejo de pie de micros por Luis Lambas, comienza su poema de manera muy auténtica y espontánea: explicando indecisa que es escritura improvisada de febrero, sin retocar. “Sacar del error una virtud”. Se mueve por el escenario aunque esté nerviosa, va mirando a gente del público. “No hay diálogo ni obra de arte que hable de nosotras”. Falla el micro al final pero grita los últimos versos. 17 puntos para ella.

Andrea Lorenzo viene vestida de negro y empieza preguntando qué somos cuando dejamos de ser. “Escupir todo lo que tengo dentro, la única forma de hacerlo es escribiendo”. Muy bien recitado, aunque no la conozco parece que lleve en un escenario mucho tiempo. “La mejor forma de hacernos eternos es escribiéndote. No tengo nada si no lo dejo escrito. Explorarme, quererme, sin mí, contigo”. Poema de amor recitado del tirón. 21 puntos.

Y el último poeta es The Kid of the Typewriter, viene con amigos, con gorra y libreta, sube al escenario a hablar de que no hay que caer en la trampa del talento, cuidado con decirle a la gente que lo está pasando mal que tiene talento. De repente nos cuenta que está cenando con un montón de artistas prestigiosos –casi ninguno ya vivo-, escritores y filósofos, y todos coincidían en que no hay talento sino camino. Como si contara una historia al público, termina con un “¿A quién pertenece tu tiempo? ¿A tu propia muñeca o al reloj que levas puesto?”. Las pizarras terminan dándole unos alucinantes 30 puntos, lo casi nunca visto en un slam, el máximo.

Vuelve Vicente Drü y de repente tengo un flashback a otro slam con él mismo diciendo algo que debí apuntar en algún sitio, “vinimos para permanecer y no permitiré que nos echen”. Ahora han bajado las luces y lo único que le ilumina la cara es la tablet. Parece que alguien más pensó en lo de la hoguera. La misma mano en el bolsillo, “esa piedra atada a tu muslo me dice que de aquí al salto hay un guiño”. Vuelve a atrapar, esta vez con ese halo de misterio, las luces y la voz pausada, poesía en penumbra, aunque se pierde la mitad en el camino si traduzco de El Intruso a una libreta y de una libreta al ordenador. Algunos se los sabe sin mirar, incuso cierra los ojos, y a pesar de todo dice que no está acostumbrado al slam y que un par de chupitos le han dado valor.

A la final han llegado Raquel Ferrer, Alejandra Martínez y The Kid of the typewriter. Recientes debutantes.

Raquel Ferrer, con su característica interpretación, habla de días bueno y días malos, los días buenos en los que sale el sol, y el espejo te dice “eres un pibón, me pones mogollón”, todo rima, gesticula mucho, “hoy será un gran día, todo lo mío es mío y también lo tuyo”, pero otros días son malos, hay un nubarrón en vez de sol… desmonta todo lo dicho anteriormente y se lleva un gran aplauso merecido.

Alejandra Martínez dice que vivir rodeada de artistas en un mundo de ansiedad mecanizada es una fortuna. Dice que es un problema la gente que va a la uni sólo por el título. Dice que tenemos miedo a ir sin el móvil, a hablar del sexo con mamá. Dice que le acojona el mundo adulto, que es una más queriendo salir de la zona de confort, que se niega a ser adulta de oficina, de veranear en el sur y parir cada dos años. Dice que tiene 21 años y no quiere perder la capacidad de sorprenderse. “Niños, jugad tanto, tanto, tanto…” Con la misma decisión y fuerza que ha dicho todo eso, termina convencida: “Nuestros hijos recitarán poesía en vez de ver el fútbol”.

The Kid of the typewriter habla de un viaje en metro, relata su recorrido hasta encontrar un sitio libre donde sentarse, desde el que presencia una conversación de pareja, él sordo. Él le da una nota, ella le pide perdón. El poeta coge la nota que el sordo tira al suelo en el metro, y al mismo tiempo que lo dice, coge un papel que previamente había tirado en el escenario, donde estaba escrito el poema. Cuidado con utilizar objetos.

Aplausos para los tres, habría ganado The Kid of the typewriter si no hubiera utilizado atrezzo, lo que provoca su descalificación y le da la victoria a Alejandra Martínez. Bravo, bravo por Alejandra. Antes de recitar un último poema que no tenía preparado, dice que descubrió el slam hace muy poco pero ve que aquí hay mucha gente reunida por lo mismo, porque les conmueve algo, y eso me llena el alma, porque todos estamos en lo mismo y no me da vértigo el escenario. La autenticidad de los 21 sin ser poeta cursi. Luis termina al grito de “¡Viva el poetry slam y sus consecuencias!” Y ya off the record se escuchan polémicas porque las pizarras estaban hoy distribuidas quizás demasiado entre amigos de poetas, lo que lleva a puntuaciones muy altas, algo difícilmente controlable, pero así es el juego, y así la democracia.

Nos vemos en San Isidro. No falten, que recitarán, sin exagerar, los mejores.

Celia Peláez

@Celiaph

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This entry was posted on May 11, 2016 by in Crónicas, Uncategorized and tagged .