12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Madrid de abril 2016 en El Intruso

Hay cola en la puerta del Intruso cuando llego sobre las 21.30 y yo nunca había visto cola para entrar a un Poetry Slam en Madrid. La noche promete. El equipo de Poetry Slam Madrid está visiblemente feliz por el éxito de convocatoria. Seguramente el hecho de que Escandar Algeet esté de poeta invitado tiene algo que ver, todo hay que decirlo, pero es que ya el mes pasado no cabía ni un alma en el Intruso. Pues mejorando marcas personales, esta vez se queda gente fuera. Aforo completo. 200 personas pagando por escuchar poesía un miércoles a las 10 de la noche en Madrid. Permitidme la palabra malsonante, pero esto es la hostia.

Cuando los 200 conseguimos encontrar un hueco más o menos como si fuésemos en el metro a las 8 de la mañana, aparece Luis J. Lambas sobre el escenario y da paso a uno de los poetas más conocidos del círculo poético madrileño y ya más bien nacional, Escandar Algeet, que llega con sus libros en la mochila y su permanente sombrero, sin el que yo creo que la mitad ni lo reconoceríamos.

Empieza recitando un poema de “Ojalá joder”, uno de sus últimos poemarios. Va mirando el libro pero se lo sabe de memoria. Voz pausada, tranquilo, y sobre todo sincero y auténtico en cada palabra. Escandar es de esas personas a las que le duele el mundo y la sociedad, y es indiscutible que lo transmite, se le escucha de verdad. “¿En qué momento se pasó del “un día más” al “un día menos” sin que nadie dijera que eso era como ir hacia atrás? (…) Nos han prohibido darle cuerda a los locos y así estamos”. Decía antes de empezar que estaba nervioso pero no lo parece. Lo que dice atrapa la atención y las miradas de todos, silencio absoluto en El Intruso. “Voy a discutir contigo sobre el final de cada película (…) no te voy a dejar en paz ni por todas las guerras del mundo”.
Y antes de recitar su último poema, aprovecha para dar las gracias y para reiterar lo alucinante que es que un mar de gente haya reventado este bar un miércoles y pagando entrada para escuchar poesía. Lo que está haciendo la gente del slam es la hostia, lo dice él, y lo aplaudimos todos. Y entonces recita un poema que empieza diciendo “Matamos a Dios, y estuvo bien porque no existía”. Habla de una pérdida de valores, de que si la gente ya no cree, entonces no tenemos razones para ser buenos. Argumenta que la bondad es un símbolo de inteligencia. Lo escucho y parece que lleva toda la vida en un escenario con un libro en la mano (y a lo mejor es que casi) “No tenemos respuestas… todavía. Matamos a Dios y nos quedamos sin clavos ardiendo a los que aferrarnos.  Y así estamos, sin ninguna fe en los milagros… todavía”.

Aplausos, aplausos y más aplausos, y empieza la competición.

La primera es Boadicea, habitual del slam. “Si hubiera nacido hombre y en otro tiempo, habría sido cura”. Con la iglesia hemos topado, después de que Escandar mate a Dios, Boadicea habla de follarse a Dios. Pero cuánto hereje. Dice que Urdangarín en un slam no conseguiría más de 15 puntos y que “Rajoy, arriba pizarras, contra su cabeza”. Aplausos para Boadicea, y 21 puntos.

Aida Blanco, ganadora del último slam, llega en segunda posición, con su inseparable móvil del que lee. Tiene presencia y tiene determinación, lee tranquila. “Llevo sobre mí anoche, llevo sobre mí antes de anoche, llevo sobre mí todas las noches… tu voz ya es pasado en este tiempo”. Empata a 21 puntos con Boadicea.

Llega entonces Raquel Ferrer, para mí aún desconocida. Muy teatral, muy expresiva, cuidando cada palabra, todo de memoria, recita un poema sexual en el que todo rima y deja al público imaginar algunos finales. “Revolverme traviesa por debajo de la mesa y tocarte esa cosa que tienes tan… “. Muy divertida, muy aplaudida, el público entusiasmado le da 25 puntos poniéndola en cabeza.

En cuarto lugar aparece Yanito, que empieza cantando y recita su poema sobre el metro de Madrid, entregado a su público, la gente se ríe. “Soy el asiento más cómodo del metro de Madrid, y todo tipo de culo se sienta en mí”. Hablando de que cada culo es diferente según la zona y la línea, “Entre Chamartín y Bilbao son más refinaos  (…), los que van a Tribunal van camino de Malasaña, a meterle al cuerpo caña”. Y 26 puntazos para Yanito.

Migueliyo Mora empieza diciendo “Quiero dedicarle mi intervención a mí mismo, que es la única persona que merece la pena aquí”, y luego continúa “Estoy desequilibrado, me he puesto el tanga del revés, soy budista dubitativo”. La gente se ríe con él, aunque hay algún momento un poco tenso en el que habla del machismo, luego hacia el final dice “Dame una P, dame una O, dame una E, dame una S, dame una I, dame una A, ¡POEMA!”, y las pizarras le dan 19 puntos –con incluso algún 4 por ahí- que se quedan en 17 por pasarse del tiempo.

A Joshuel ya lo conocemos también de otros slams, recita con voz muy pausada y grave, “Marionetas vivas que intentan ir a su desenlace sin disfrutar del viaje”. Las pizarras le dan 17 puntos incluso con dos cincos. Igual que el mes pasado dijimos que las puntuaciones eran muy altas, hay que decir que este mes este público está muy a la baja. Habrán tenido un mal día.

Alba Águila fue descalificada por tiempo el mes pasado, pero esta vez consigue ajustarse bien a los tres minutos. “Acostarse cada día con miedo a no despertar” dice con voz un poco ronca.  Recita muy bien, parece que lo disfruta, juventud renovadora y prometedora. “Hay noticias que te roban la vida”. Bravo por Alba, y 23 puntos para ella.

Antonio Díez, habitual ganador en 2015 y, de hecho, representante de Madrid en el slam nacional de este verano en Valencia, habla sobre máquinas de muerte, de armas que se venden y viajan en ambos bandos para matar mientras vemos el fútbol. “Somos neutrales pero os vendemos las armas, somos democráticos pero os vendemos las armas”. Termina gritando entusiasmado, buen poema, pero las pizarras con complejo de Risto Mejide le dan sólo 20 puntos.

Nacho Peñaguirre es el siguiente, no lo conozco aún. Voz muy grave y poema lleno de buenos deseos, lee del móvil: “Que con tus pasos puedas encontrar lo que necesitas (…) que el amor te persiga si quieres volver a enamorarte”. 15 puntos para Nacho.

Y entonces aparece Alejandra Martínez, chica joven que empieza fuerte: “Marzo me está tocando la polla que no tengo y eso que ya es abril”. Ni un poquito nerviosa, muy convencida, cabreada y decidida: “Mis monólogos acaban en reposo y no en puta guerra” (…) “El altruismo son los padres, estoy tan hasta la polla que creo que me ha crecido una y ya no necesito la tuya”. Y termina diciendo, con fuerza, “Me he perdido lo importante y yo qué sé qué es lo importante. Estamos mal acompañaos mejor que solos”, mientras señala a todo el público. Viene con amigos que le aplauden mucho y corean su nombre. Si salir al escenario y demostrar que lo vale era su reto, objetivo conseguido. 21 puntos para ella, y un 5 por ahí que me gustaría abuchear aquí y ahora desde mi ordenador.

Luciano, sin micro, habla de un flechazo en el metro. Deja a su novia por una del metro, recita sin papel y gesticulando mucho, pero recibe sólo 15 puntos. A ver, público democrático, nos guste o no nos gusten los poemas, dos 4 me parecen mal, sólo subirse ahí ya merece un aprobado. Pero no seré yo la que genere debate y polémica sobre esto, Dios me libre –si aún está vivo-.

Y por último, llega Cristina García, ya conocida del slam, que se atreve a recitar en alemán. Y yo sabía que mi esfuerzo y mis horas de estudio para aprender la difícil lengua de Merkel servirían para algo algún día. Cristina habló de que estaba sola, de que era afortunada, de que estaba aquí y allí, de que estamos enfermos, locos, y de que volará y reirá. Paradójicamente uno de sus versos decía “No sé lo que quieres decir”, y terminó diciendo “Estoy muerta, estoy perdida, no soy nada, ¡Ayuda!”. Antes, cuando empecé a venir al slam, cuando se hacía en el Libertad 8, no era tan raro escuchar poesía en otras lenguas, en inglés, en alemán, y bueno, el público, si no entendía, se guiaba por la sonoridad, por la interpretación y un poco por lo que te transmite el poeta. Se ve que eso ya no está de moda y 14 injustos puntos para Cristina, que es capaz de expresarse en un idioma muy complicado.

Terminan los 12 poetas y vuelve Escandar. Escuchándolo me doy cuenta de que lo que dicen siempre los poetas de necesitar escribir es cierto, y se ve y se oye, que les sale casi solo. Un tío auténtico que no por nada tiene cada vez más y más seguidores. Habla de que creció en una casa con siete mujeres, del machismo como una enfermedad ideológica que nos afecta a todos. “Cada vez que puedo, grito en claro femenino la palabra fuerza (…) mire a donde mire, sólo veo mujeres luchando”. Antes de recitar su último poema, se para otra vez a decir que la bondad es símbolo de inteligencia, insiste serio en que es muy importante que esto se entienda: no hay buenos tontos, ya vale de decir que alguien de bueno es tonto. No, los buenos son siempre inteligentes. “La mejor manera de luchar es cuidando”.

Y su último poema es uno de mis favoritos, habla de crecer, de sacarse las castañas del fuego, de que su madre le enseñó a cocinar, mientras le decía “aunque te quemes,  tienes que ser fuerte”. “Aprendí a sobrevivir en este mundo de mierda que tanto me gusta a veces. ¿Cómo se sacan las castañas del fuego? Quemándote, para que así otros, los tuyos, no se quemen”. Bravo, aplausos y aplausos y camiseta del slam para Escandar que se baja feliz del escenario.

Y la final: Alba Águila, Raquel Ferrer, Yanito.

Alba habla de estereotipos femeninos, de maquillaje, moda, depilación, mal humor de la regla, derrochar dulzor, no a los granos, ponerse morena, no ser bajita… todo va rimando y termina diciendo que sigue existiendo la personalidad y la libertad, “nadie nunca dirá de qué forma hemos de bailar”. Raquel Ferrer, recordando mucho a Diego Mattaruco en su manera de rimar, sin  moverse del micro y gesticulando mucho, dice “Mira, me monto en tu minga y te mengua”. Muy aplaudida, termina con un “mejor me tapo con mi manta para no ver cómo matan y mienten las mentes”. Y Yanito, para acabar, habla de tecnologías y de la era de la información, de muchos canales, de que nadie ve los árboles porque han talado los bosques. A gritos y emocionado, “la era que sedujo nuestras mentes con inútil información”.

Y la gran triunfadora de la noche es  Raquel Ferrer, que casi parece que no se lo cree, y aprovecha para recitar algo que sabe que por tiempo no podría hacer en competición. Y habla de los estereotipos de chicos que se acercan a las chicas en las discotecas. Todo de memoria. Qué elegancia para insultar con una sonrisa. Hace reír y sonreír y rima todo, todo el rato.

Tras los aplausos aparece María Helena del Pino para decir que la convocatoria del próximo slam ya está abierta pero que a las doce y diez de la noche seguramente ya estará llena, porque siempre es así, porque encima hoy hemos colgado el “no hay entradas” y porque, como dice ella, contenta: La gente está loca por la poesía y esto es genial.

El 20 de abril vienen slammers catalanes a competir con slammers madrileños, centro cultural Blanquerna, Calle Alcalá. El próximo slam en El Intruso, 4 de mayo.

A la salida, Yanito habla de que esto le ha arreglao el día, veo a unos cuantos riéndose en la puerta, a otros cuantos comentando que necesitaremos el Palacio de los Deportes un día de estos –somos unos motivaos, ya- y escucho ya por Fuencarral a un grupo de jóvenes, entre ellos una slammer, comentar la noche y los puntos, casi como todos en nuestros primeros slams. Vaya noche, cuánta euforia por el llenazo. Una suerte poder formar parte de esto y contarlo. Como decía Batania, la poesía ha vuelto y nosotros no tenemos la culpa.

 

Celia Peláez
@Celiaph

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This entry was posted on April 14, 2016 by in Crónicas, Uncategorized and tagged .