12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Madrid de Febrero 2015 por Celia Peláez

Tras mis meses en la Ciudad Condal, justo esta noche hace una semana que volví a Madrid y ya estoy entrando por la puerta de El Intruso, que, como ya se ha dicho más de una vez, es tan casa que hasta tiene un portal.

A las 21:55, puntuales como siempre, se sube Pablo Cortina al escenario y a modo de introducción, recita un poema en el que advierte lo que no hay que hacer en un slam si no quieres que te eliminen, y en el que explica también un poco, así por encima, cómo funciona esto del slam, que tampoco viene mal, por si algún descarriao no lo sabe todavía, a estas alturas.
Y ojo, amigos, que estamos en el primer slam de la temporada 2015, ya que en enero se cerró la temporada 2014, cuyo ganador fue Lizántropo. ¿Y qué ganó?, os estáis preguntando. Pues ganó ser representante de Poetry Slam Madrid en el V Slam Nacional, que este año será a principios de junio en L’Hospitalet de Llobregat, en Barcelona. Un sitio donde, por cierto, saben hacer muy buen slam. Como Lizántropo no vino en enero, Pablo lo hace subir al escenario para regalarle un libro: El arte de leer, de Auden.

Empieza el slam de febrero con un poeta invitado: Tobías Kunze. Viene de Alemania, es de los grandes del slam europeo, y se nota porque nada más subirse al escenario empieza a hacer locuras. Porque el slam es espectáculo, aunque a veces se nos olvide, y Tobías lo sabe. Primero juega un poco con el público, pregunta quién habla alemán (y se levantan bastantes manos, para que luego digáis de España), va cambiando de inglés a alemán todo el rato, se inventa un teclado imaginario en el suelo sobre el que va saltando y la gente va cantando las notas (medio afinando y todo), recita algunos poemas onomatopéyicos, la gente se ríe mucho, y cuando ya ha confirmado que es un showman, recita un poema ya más largo, más en plan de verdad, y dice que estaba originalmente en alemán pero que lo ha traducido al inglés. Se llama “Ich komme nicht mehr hinterher”, y lo traduce (un detalle) como “I cannot catch up anymore” (que vamos a dejarlo en un “ya no puedo más”). Habla de la sociedad moderna, de las nuevas tecnologías y de la velocidad a la que van. Lo termina tirándose al suelo, y a continuación recita otro poema en el que habla de China y sus clichés: “China es un planeta muy diferente pero muy parecido a la Tierra”.

Y llega el sacrificado del público que, oh, qué nervios, encima es nuevo. Se llama Hadrien Gómez y es 50% suizo/ 50% español. Y después de escuchar a Tobías en inglés, Hadrien recita en francés. Somos internacionales, sí, qué pasa. El poema se llama “La mecánica del corazón”, y humildemente sólo puedo decir que el francés suena bonito y romántico. 21 puntos se lleva Hadrien y, tras él, llega el veteranísimo Diego Mattaruco, que con un poema cacofónico de los suyos, nos habla de agrado y desagrado, interactúa mucho con el público y juega con el eco haciéndonos sonreír. La gente repite la terminación de cada verso y eso le da pie al siguiente: “¿Qué quieres que haga si no es maldecirte? ¡IRTE!” Es uno de los últimos versos de su poema. Se lleva 27 puntazos, que se quedan en 25 porque se pasa 25 segundos de los tres minutos reglamentarios, ay. Aún así, su puntuación le dará paso a la final.

Aparece entonces sobre el escenario Antonio Díez, que tiene una poesía muy suya y muy divertida y muy complicada de explicar si no la has escuchado. El poema se titula “Contra el ego” y Antonio va enlazando unas palabras con otras, según cómo suenan más que según lo que significan, parece: “Yo he. Nosotros hemos. Tú has. Tu has. Tu as-co. Yo he,yo- he, yo-han, Joan, Joan Manuel Serrat”. Vale, escrito no funciona tan bien, pero es original, es divertido, mola y la gente se ríe mucho y su poema lo lleva de cabeza a la final también con 25 puntos.

Pablo Cortina, que yo lo recordaba más cuerdo, aunque él se acaba de autodenominar ecléctico, presenta al siguiente slammer, que también es de nacionalidad francesa: Hervé Salesse, y se atreve a recitar en castellano. Nos habla de la historia de Carmen, la madrileña desahuciada a la que el Rayo Vallecano ayudó. “Yo no sabía que cosechamos lo que sangramos” dice en un castellano afrancesado. El público le da unos injustos 19 puntos (se ve un cinco en alguna pizarra) que se quedan en 17 por pasarse del tiempo.

David Carretero es el siguiente en coger el micrófono y nos trae tres poemas cortos, hablando de manos, de brindis y de universos paralelos. Termina diciendo que “el chocolate hacía juego con tus ojos”. Este romántico con tatuajes consigue 19 puntos.

La sexta poeta es Cristina García Ruiz, es la segunda vez que viene y habla de su calle ideal. Su calle ideal es una mezcla de un montón de ciudades. Cita a Jaime Gil de Biedma y al cantautor Marwan, y nos cuenta que en su calle ideal no hay crisis, ni desahucios, ni bocadillos mágicos de pan con pan. La joven Cristina cree que tenemos que “perseguir sueños y ser de nuestro destino los dueños”. Con 23 puntos se baja del escenario y sube Migueliyo Mora. Migueliyo dice, con un tono bastante elevado, por no decir a grito pelao, que es “poeta, moderno, mentiroso y tramposo”. Quiere recitar sin papel y lo tira por ahí pero lo vuelve a coger porque dice que no se acuerda, y lo vuelve a tirar, y lo vuelve a coger. “Soy la hija de la niña del exorcista, he tenido siete hijos, algunos de ellos son vuestros padres –y leo otro poco- (coge el papel del suelo) soy feminista, se me nota”. El slam madrileño ha visto muchos poetas muy diferentes, pero Migueliyo no es uno más, porque “No tengo coño, es una magdalena, acabará con el hambre, es vuestra salvación” es uno de sus últimos versos. Y se queda tan tranquilo. Nadie entiende nada, la gente se ríe, nadie entiende nada, la gente se ríe. 17 puntos le dan las pizarras (un 3 en dos de ellas, que son abucheadas y un 9 en otra, y esto es democracia y lo demás son tonterías) pero se quedan en 15 por cuestiones de tiempo. Y un fuerte aplauso.

Y se sube José Luis Álvarez al escenario, con su voz y su presencia, a recitar “Anónimo veneciano”, un poema romántico que le da 25 puntos y acceso directo a la final.

Desde Granada llega Marco Antonio García y sus manos. Recita, rimando, y gesticulando mucho, tres poemas: uno que le sirve de presentación, otro románticoirónico, y el último, llamado “Una movida del carajo” explicando humorísticamente los últimos acontecimientos que están ocurriendo en su familia, que no son pocos ni muy coherentes. 22 puntos para Marco Antonio.

En este momento, en mis apuntes de periodista pone “A Pablo le encanta el micro” y recuerdo comentarios a mis espaldas de una chica con flequillo y cámara de fotos grande, que decía algo tipo “hoy está sembrao”.

Sigo. El vigente campeón de Poetry Slam Madrid, Lizántropo, se levanta de su asiento y llega al escenario con sus gafas y su flequillo, tan sonriente como siempre, y nos habla, super flipao, de que ya es famoso, y de que en muchos sitios lo tratan como tal, pero que en otros, como en el curro, no tanto, y eso le jode un poquillo, (siendo él quien es y teniendo poemas dedicados a Jordi Hurtado, por favor), pero vamos, que termina diciendo “yo no quiero ser famoso, sólo quiero otra cerveza”. Así que el público le da 24 puntos, pero nadie le da otra cerveza.

Luciano, al que nunca le hace falta el micrófono, recita un poema sobre un marrón que se ha tenido que tragar. “El engaño de un amigo, ese ha sido mi marrón”. 20 puntos para Luciano y cierra el slam Yanito, que entra diciendo “Have I got your attention? Killos!” y capta la attention de everybody. El público tararea lo que él les dice, canta sobre las tarjetas black, la gente le hace los coros mientras sigue hablando y recitando sobre Bankia y corrupción. Le dan 21 puntos, pero con 4 minutos y 19 segundos de tiempo… ¿dónde ibas? te has pasao, y te han eliminao. What a shame, siempre que eliminan a alguien es un poco qué pena, no es guay, pero son las reglas.

Vuelve Tobías Kunze, que se pega la vacilada de improvisar con palabras que le va diciendo el público. Lo hace medio en alemán medio en inglés y la gente le dice las palabras idiot, elephant, Podemos, Merkel y amor. Que a ver quién es el listo que junta todo eso. Pues en un caos de versos, de ritmos y de idiomas, va metiendo las palabras al mismo tiempo que habla de que es su segunda vez en Madrid, que está en el centro de España, que “las fronteras de mi lenguaje son las fronteras de mi mundo”. Rima en inglés y en alemán durante varios minutos. “Estas rimas son pequeñas estrellas”. Habla del amor, del mar, de Merkel, que manda mucho, y de Podemos (¿Quiénes son esta gente? ¿Qué quieren?), y termina rimando “Demokratie gegen die Egomanie”, Democracia contra egolatría. Y llegados a este punto, rompo una lanza a favor de este idioma tan complicado, que os juro que suena bonito cuando se empieza a entender.

Pablo Cortina presenta a los tres finalistas y recuerda a los poetas no repetir poemas que hayan hecho en otras ediciones, porque no es de recibo ganar con lo que ya ganaste, y al público ser claros aplaudiendo, ya que el ganador se decide por aplausómetro y el oído que manda es el suyo.

Los finalistas terminan rápido: Mattaruco habla de metas y mitos, y el público termina dando palmas al ritmo de la rima. José Luis Álvarez recita el Barco Pirata de Bankia. “Con 100 tarjetas por Bankia…”, empieza diciendo. Antonio Díez cuenta de qué hablan los poetas entre ellos, y lleva a la exageración más exagerada el alabo continuo, dicho finamente, que se ve que existe entre los poetas en el backstage. “¿Que si me gusta tu poema? Tu poema es tan bueno que detiene la deforestación y el cambio climático”

Tras aplausos y aplausos, gana sin muchas dudas Antonio Díez, y su poema final lo recita con la camiseta de apoyo a los afectados por la Hepatitis C. Es un poema dedicado al gato que le hizo una cicatriz en la muñeca hace años, que ya murió. La cicatriz es lo único que queda de él.

Como veis, se puede hacer poesía de lo que os dé la gana y como os dé la gana. Si no la habéis hecho ya, es porque no os da la gana. Si total, aquí la gente ni rima. Y si no habéis venido al Poetry slam ya (que se puede ir de público sólo a escuchar y no recitar, os lo digo yo, que alguien tendrá que votar) es porque tampoco os da la gana. “Hace frío”, excusas. “A mí es que la poesía no…”, excusas. Esto no es poesía de libros del instituto, esto es teatro y es show y es cultura y es bueno para la salud y es muchas cosas más y podéis venir a comprobarlo. Levantaos del sofá, vagos, que el espectáculo en directo es mucho mejor que cualquier puñado de píxeles.

Celia Peláez

https://twitter.com/Celiaph

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This entry was posted on February 10, 2015 by in Crónicas and tagged .