12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Madrid de Julio 2014 en El Intruso

Crónica del Poetry Slam de julio 2014 en El Intruso

Desgarbado, rubio, asonriente: Luis J. Lambas sube al escenario del Intruso armado de sus notas al pie, apuntadores que le sugieren lo que debe decir en cada momento siendo que cada momento puede ser cualquiera. Se trata de frases comodín con alta creatividad y súper glue; para los habituales del Poetry Slam que se celebra cada primer miércoles de mes, los “al siguiente  poeta no lo conozco pero no me gusta” o “¿Qué comerías en tu última cena?” se han convertido en clásicos y píldoras de cotidianeidad: estamos como en casa cuando, al presentar a Natalia, responsable de medir las puntuaciones y los tiempos, se refiere a ella como “nuestra azafata de los años 70”.

Un rostro de cabaret perfila el escenario. Androginia es una palabra que se viene a la mente al ver a Néstor, seudónimo de Camille Pier, una joven belga artista invitada de la noche. Tras presentarnos a su guitarra, llamada Consuelo, como si tal y pronunciar esa clase de frases encantadoras que atesoran los extranjeros, “me encanta mucho” por ejemplo, deleita al público con heterogéneas actuaciones donde mezcla poesía, “burlesque”, “grotesque”… y es que Néstor, aunque recita en francés e inglés, se mete a los espectadores en el bolsillo. Uno no sabe si es por quedar bien con, probablemente el segundo belga que algunos vemos tras Audrey Hepburn y Hércules Poirot (encima, un personaje de ficción) en la vida, o con la persona con la que han quedado para ver el Poetry con la que tal vez están intentando ligar, pero la realidad es que la gente parece entender todo lo que dice Camille y apuntala sus momentos estelares con risas y aplausos. Bienvenidos a la nueva España políglota.

Comienzan los participantes a “poetar”, como dice Néstor, en una noche en la que la concurrencia no es una ocurrencia; los asistentes se hacen hueco los unos a los otros para sentarse en el suelo alrededor de las pocas sillas que hay en el lugar. No está de más recordar el lema del Poetry Slam para poner al lector en contexto: cinco pizarras, 3 minutos, 12 poetas (13 por esta vez).

La primera poeta en enfrentarse al micrófono es Pilar (Nueva Generación Literaria)quien dedica sus versos al escritor japonés Murakami y al fenómeno hípster. No se puede precisar si los nervios rondan su interpretación, lo cual no deja de ser una sorpresa tratándose de la participante encargada de romper el hielo; el público le otorga 18 puntos que serán los más bajos de la edición de julio: ¿alguien se ofrece a escribir una disertación sobre la insoportable realidad de ser el primero?

Esther Marín eleva la temperatura de la noche recitando un poema sobre los calentones y no precisamente los que sufren los coches; su escritura, sensual, se ve acompañada de una interpretación que también lo es, además de un juego de palabras que gusta al público que, de todos modos, sigue frío, de modo que Marín se va a casa con 21 puntos.

Pablo Cortina da un giro a la temática distendida de los poemas anteriores para hablar de algo más serio o, perdón, algo que debería ser más serio, Bárcenas y el discreto encanto de su hipocresía. Nos acerca al político del “Penal Popular” a través de una original descripción que provoca las risas del público, cómplice y atento, y termina realizando una espléndida caricatura del onubense incluyendo con regocijo de los amantes de la lengua española palabras como “zarandajas” en sus versos. Obtiene 22 puntos.

Fátima Delgado es la siguiente poeta en iluminar el escenario, una mujer que vale por dos en sentido literal, debido a su elevado estado de embarazo. Está de ocho meses y el termómetro marca 25 grados, así que no es de extrañar que escriba sobre la maternidad, versos que salen del vientre y que revelan algunos datos curiosos como que los fetos, este en concreto llamado Iria, pueden tener hipo. Resulta curioso que Delgado incluye algunas frases en inglés dentro de su creación, lo cual diríase que es un signo de la época, algo que se ve con cierta frecuencia en la escena poética actual. 20 puntos cierran su actuación.

Bsoulirrumpe con fuerza en el escenario, lee sin equívoco alguno, incurriendo en su característica cadencia que podría ser su propio género musical, su “bsoul” inconfundible que en esta ocasión vocalizan unos versos que nos llevan a Barcelona y al amor con dificultades. Obtiene un 23, que será seguido del 20 de la cada vez más segura de sí misma Jean W. Blake, que interpreta con soltura un poema sobre las múltiples sonrisas que somos capaces de lanzar y los infinitos significados que encierran.

Lizántropo, que nada que ver con un licántropo ni un misántropo, hace reír al público como siempre con sus rigurosas rimas que sugieren poesía clásica pero que versan sobre los fenómenos más universales de la sociedad: en este caso, la peligrosa hazaña de intentar bajar una serie. “Suficiente internet por hoy” es la frase que precede a los 26 primeros puntos de la noche, y es que Lizántropo, con su suerte de monólogo en rima, es como el Jordi Hurtado del que tanto le gusta escribir, un intocable del verso.

Andrés París, quien escribe sobre el París de 1832 para terminar en el actual, con la frase lapidaria “Soy un miserable de Víctor Hugo”, consigue 20 puntos tal vez por su desbordado ímpetu o porque los nervios, que lo han estado atormentando desde el inicio del Poetry Slam, le juegan una mala pasada. El poeta en su soledad recibe con gran autocrítica la nota del público: arruga los poemas impresos sin piedad del medio ambiente en un símbolo de reproche hacia sí mismo.

Víctor Sierra nos dice, repite y arenga a aprovechar cada minuto con un poema que radica sobre uno de esos temas universales de la poesía, el tiempo. Su reflexión es valorada con 21 puntos. Lo sigue José Luis Álvarez, un habitual del Intruso que dispararía la media de edad de los participantes. Dedica su poema a Lorca y a su tierra natal, Granada, y parece despertar las mismas pasiones que el natural de Fuente Vaqueros, ya que el público le regala 24 puntos. Con esta nota se habría convertido en el segundo más valorado de la noche hasta el momento, pero al pasarse de tiempo se le resta un punto y con 23 empata con Bsoul.

Aurora Boreal, entre maletas y nervios, sube al escenario cargada de energía y sus versos penetran en el público cual agujas hipodérmicas: “Somos poesía, somos trazos, somos luz, arte consciente”. Sin embargo, las flechas de pasión lírica moderna que lanza se estrellan con las pizarras, que le otorgan 19 puntos. La sigue Antonia Saavedra, llegada de Canarias, que comparte apellido con Cervantes y atesora un don de encantadora de serpientes: mientras el continente, es decir, su voz y firmeza al recitar te transportan, el contenido te aporta cierta sabiduría científica. “Todo está en el genoma”, apunta, “patente sus genes”, recomienda, “hay millones de genotipos y genotipas”, concluye. Su ingenio gusta a los pizarreros: 22 puntos.

El último en participar es Diego Mattarucco, un intruso en el Intruso ya que su actuación da un giro a las puntuaciones y finalistas hasta el momento. Diego, que apuesta por una poesía a dos voces sobre ciertos escapes que se dan a la rutina en una pareja, como puede ser la infidelidad, interpreta con gracia a una mujer y a un hombre que discuten en el mismo idioma, esto es, cacofónico. Su creativo “Lola, lo lamento” es valorado por el público con 27 puntos, lo que lo coloca directamente en la final.

Lizántropo versus Mattarucco, tras un breve número de Néstor ataviada con la camiseta del Poetry Slam, se baten en duelo. El primero recita una poesía crítica en tono cómico sobre la educación en España mientras que el segundo elige un “soliloquio de loco”, como él mismo lo llama, para cerrar la noche, una poesía a base de juegos de sonidos que atiende a la pregunta retórica de “¿te harta este arte?”. Al público parece no hartarle y, aunque la final está muy reñida, la balanza se inclina hacia Diego Mattarucco, vencedor del Poetry Slam de julio, quien se despide con un poema sobre las hambres de los hombres y las hembras con motivo del Orgullo Gay.

Siete mujeres y seis hombres –pareciera que la ley de la paridad se hubiera aplicado– se han enfrentado con la palabra por la palabra como premio final. El poeta laureado escoge para llevarse a casa el libro de Silvia Nieva, “La fábrica de hielo”, y a las doce en punto empiezan a llegar mails a participarslam@gmail.com. Es tiempo de silencio hasta el próximo combate. ¿Te animas?

 

Siete Soles

 

 

 

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