12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam de Enero 2014 en El Intruso

No hace frío. No llueve. Las calles adyacentes soportan a la moderna mesta de las rebajas de enero. Cala en el populacho la consigna gubernamental de que salimos de la “crisis”, nuevo vicario del nombre de la cosa maligna, como escribió Don Rafael Sánchez Ferlosio. La masa se aplica a su deber patriótico que es reflotar la economía, compara los precios actuales con los de hace una semana y en esas cartulinas que ostentan porcentajes inverosímiles de descuento halla la disculpa y la pomada para forzar, aún más, resquebrajadas economías domésticas, curvas baldas de armario ropero y, entre el cajero automático y la sucursal de Zara ¿por qué no? una cañita, un vinito, una tapita de gula y de huevina cruzan por vez primera exhaustos píloros navideños; giratorios, dados de sí como una boca triste, de ex-ministro viejo. La Navidad ha muerto, viva la Navidad.

Nadie se libra de ese afán ciego por el olor de santidad y zanahoria, y quien esté libre de culpa, que tire la primera tarjeta de El Corte Inglés.

Es 8 de enero de 2014. A las 21:57 horas Luis J. Lambas, marciano de ceremonias de Poetry Slam Madrid,  se aparece en el escenario del Bar Intruso. Explica su presencia, su rol: “demasiado tonto para ser poeta y demasiado listo para ser estrella de rock”. Poetry Slam Madrid nos ha librado, parece ser, de otro cantautor. En ese momento hay casi cien personas en el local. Se hace el silencio. Empieza un recital poético. Ver para creer.

Este mes el slam de Madrid recibe como invitado especial a un slammer experimentado, Oscar Hanska, sueco de Gotemburgo, campeón de Suecia, habitual de la escena europea, músico, guionista, diseñador… un verdadero profesional de la creatividad, porque allí, en Suecia, por increíble que nos parezca, por trabajar te pagan.

Oscar, antes que nada, con las pelotas que después servirán para el sorteo de pizarras, y un huevo Kinder y un polvorón, obsequios de Lambas, hace malabarismo y así demuestra que también podría ganarse la vida en Madrid si el Alto Tribunal para el Decoro y las Buenas Costumbres en la Práctica de la Mendicidad que la inefable Ana “relaxingcaféconleche” Botella ha instituido lo creyese conveniente. Luego se pone serio y empieza a recitar.

En un impecable inglés habla del cariño, de la niñez, de las caricias, el amor… suena el teléfono de José Luis Álvarez, que en su asiento en primera fila descuelga y charla discretamente con su hijo, parece que aún está en el autobús -el hijo-. Seguimos escuchando a Oscar. Para su segundo poema pide la colaboración del público, que debe reír -¡Ja,Ja!- a una seña del poeta. Que el poema esté en sueco no es óbice ni cortapisa para que la gente obedezca; aquí en España somos expertos en reírnos sin saber porqué. Queda claro que Oscar Hanska es un tío que habla muy rápido: a su lado, el barbero de Sevilla es el rey de España en la Pascua Militar.

En el tercer poema   (tal vez atónito y taciturno porque a la pregunta del poeta de cómo se dice en español chopsticks -y tras gritar apresuradamente para hacerse el listo ¡palillos!- el público respondió unánime y supercool “chopsticks”, lo que le hizo replantearse su capacidad para habitar Malasaña) este cronista desistió de tratar de entender/se perdió lo que significaban las palabras lanzadas al aire como un bombardeo por Hanska. Pero no importa porque como gran slammer, el poeta tiene la capacidad de llamar la atención a otros niveles: dominio absoluto de la voz, el escenario, la expresión facial y el micrófono. Sin alardes ni sobreactuación. Muy bueno.

Y ahora el slam.

El primer-poeta-sacrificado (en Francia al primero de la tarde lo llaman poète de calibrage) es Tino Antelo.

Su poema -a horas-luz en el apartado escénico de lo que el público acaba de presenciar- está bien planteado y habla de un tema de actualidad: la pasividad del pueblo, los jóvenes, los oprimidos, o como se quiera llamar a los damnificados por el desfalco de libertades y derechos que en este y otros países se está perpetrando con la excusa de “la crisis”. Comienza con una sección de analogía en imágenes, alguna muy lograda “parecemos la parte de atrás del disfraz de una vaca”, sigue con un juego de palabras bastante efectivo “al todo se le coge por los cuernos, se le todea” y termina con proclama: “nos robaron la cartera, pero no nos quitarán la voz”. Tal vez, por ser un tema tan sobado, el público -yo por lo menos- esperaba mayor originalidad en su tratamiento, sobre todo porque ése es un reto que parece estar al alcance de este buen slammer que, con todo en su contra, logra 21 puntos.

Continúa Fátima Delgado que recita en un tono entre sexy y reivindicativo versos como “somos colmena”, “e non me soltes a man”, “hazme nube de granizo”, “say something good to me” o “llego a casa afónica y con la lengua roja”, con el que termina. La cosa funciona, porque logra 27 puntos, merced entre otras cosas a dos dieces que luego darán que hablar.

Sigue a Fátima María San Martín, que recita sin micro y con su habitual pasión sobre un tema también habitual “Ahora vengo a desquitarme de mi nombre de esclava” contra un “sistema de prisiones, de bozales, de hormigas, de notarios” y acaba con un enardecido “¡Hoy es el día, el día de ajustar cuentas!”. El público se encarga de ajustárselas otorgándole un 8 y cuatro 7, lo que da para 21 puntos y para que unas chicas a pie de escenario  se quejen de la parcialidad de algunos portadores de pizarra, en concreto el acompañante de Fátima Delgado, que ha pasado del 10 al 7, sospechan ellas, por mera amistad. “Ah, bueno, aquí todos somos amigos, ya verás cuántos amigos haces hoy” les replica Luis J. Lambas. No está de más recordar en este punto que la objetividad no existe, y menos en poesía, lo que se pone de manifiesto en el slam más que en ningún otro sitio, y por eso el slam les hace tanta pupa a los poetas de postín, encastillados como están en la amistad de alguna estatua y tanto político de pluma volandera. María San Martín no entra al trapo, acostumbrada a la victoria y a la derrota, y a que no pase absolutamente nada en su talento tras ninguna de las dos.

Y llega el turno de BSoul, que parece responder a sus predecesoras con un muy aplaudido por el público “No me hace feliz mirar por encima del hombro de todos los hombres bajo la premisa no esperes nada”. BSoul recita de memoria, lo cual suele ser una ventaja en el slam porque el público reconoce el trabajo y lo premia dado que, afortunadamente, el atormentado artista romántico parece haber quedado atrás, por lo menos en el ámbito de la literatura escénica, que no escenificada. Obtiene así 25 puntos, que la dejarán más tarde a las puertas de la final.

Yanito, único representante hoy sobre el escenario de los slammers que comenzaron esta kermés allá por enero de 2009 recita, también de memoria, un poema de amor. Hace una cosa Yanito que no ha hecho ni hará hoy nadie más: deja que el silencio se escuche antes de comenzar, lo cual viene a ser como escribir con margen, de modo que lo escrito no tiene porqué ser mejor, pero queda mucho más bonito. El poema es un juego de aliteración y cacofonía que no alcanza el paroxismo de su amigo Mattarucco, pero que aporta bastante lirismo y originalidad al tema de los temas. Utiliza el nombre de la amada, Susana, (otra eslamera consumada -saludos, Susana-) para seguir susurrando sus sensaciones sobre su saludable situación sentimental (valga el ejemplo). Un “tsunami de amor” que deja un saldo de 23 puntos.

Desde Ciudad Real ha venido Esther Marín, que hace un poema amoroso trufado de citas a canciones de las que en aquel programa mítico de los 80¨, titulado “Gente Joven” llamaban “melódicas”. Boleros incruentos que han hecho fortuna en este país de necios hasta llegar a exportarlos como un signo de españolidad. Esther no tiene la culpa de ello, de hecho, más que la letra de las canciones, utiliza la nostalgia de los que las conocieron cuando eran “gente joven” y la furia vintage actual de aquellos que solo las han oído en bodas y bailes de pueblo. Por en medio introduce versos de su cosecha que hacen pensar que en el fondo todo va mucho más en serio de lo que parece. El público, inmisericorde como debe ser, le concede 16 puntos. Y yo creo que tan exigua puntuación se debe más a los nervios que Esther mostró y a su ostensible lectura del papel (que en ocasiones no permitía ver su rostro) que a la calidad de su texto, que como la gran mayoría de los escuchados en este slam, fue más que aceptable.

José Luis Álvarez comparece -con el móvil petado de watsapps, dijo Luis J. Lambas, tomándose la revancha así, de su interrupción anterior- en el escenario que le vio ganar el slam del mes de noviembre. Le perdonamos su falta a alguien que escribe tan bien y lo comparte con esa voz gastada pero indomable. Es un poema órfico, de amor más allá de la muerte, reflexivo, y aunque en su desarrollo decae, en general mantiene un nivel homologable con la emoción que lo ha producido, lo cual no es poco.

Otro debutante en el slam de hoy es David Carretero. No trae un poema largo, así que aprovecha para presentarse con tranquilidad y gracia. En el slam el cronómetro se pone en marcha en el momento en que empiezas a hablar, hay que medir bien lo que se dice. También hay que saber que el público va a escuchar poesía, no anécdotas o información superflua como a qué hora de qué día el poeta escribió lo que va a leer. Caer bien hace ganar puntos en el slam, pero los puntos no importan, o como dicen en Chicago: the point is not the point. The point is poetry. De todas formas, David tenía tiempo y tiene tablas para improvisar ante un público amigable. Su poema “Cómo olvidar a una chica en quince días” peca de miraquelindo (Batania dixit) por rima fácil y ritmo machacón. A todos a veces nos sale un poema así, y es difícil sacrificarlo una vez lo hemos oído ronronear y nos ha mirado a los ojos. Pero para los que no son sus autores estos poemas son carne de papelera y el público lo escenifica puntuando tres seises y dos sietes. No pasa nada, David Carretero tiene capacidad de sobra para reinventarse en el slam.

Le siguió otro poeta que hizo lo mismo, pero dando en el clavo y demostrando que no hay fórmulas mágicas para esto del aplauso unánime del público. También se presentó y además se metió con los gafapastas, dedicando su poema “a los moderniquis, que critican nuestros poemas, y que bebemos”. Cuando dice “nuestros poemas” se refiere a los poemas con rima y métrica como el suyo, que trataba precisamente de defender esos elementos formales. No hay como darle al público su propia medicina. En Malasaña nadie es moderno excepto todos los demás. Le puedes decir a un poeta: todos los poetas excepto tú son lamentables, y te dirá que sí… bueno, que tú tampoco. Y le creerás. Yo soy un gafapasta y estoy con él. Solo me rechinó que se quedara fuera él de su crítica ya que cargar contra los modernos es tanto cliché, por lo menos, como serlo. Recitó de memoria y con soltura, y terminó con un buen verso, “el mañana no mejora por estar sobrios ni ebrios”, por lo que logró 27 puntos, que son casi lo máximo.

Eva Belmonte no era la primera vez que subía al escenario, aunque la fortuna le ha acompañado más en otras ocasiones. Recitó un poema surgido del leitmotiv nerudiano “puedo escribir”, pero lo ponía en condicional, “podría”. La melancolía se apoderó de ella de tal manera que parecía triste, siendo de natural sonriente. Eso la gente no lo suele aplaudir, porque quieren ver seguridad sobre las tablas. Si lloras llora a gritos. Terminaba su poema con un “Al fin soy libre, y a la vez tan orgullosa de ser tu esclava” que no terminó de convencer; quizá la estrechez moral que padecemos nos está dejando desvalidos ante afirmaciones tan complejas. Le dieron 18 puntos y no tengo más que añadir.

Y llegó él. Diego Mattarucco. Gorro de lana que se quita sobre el escenario moviéndose en el alambre del reglamento. Recita “Todo ya vallado porque yo”, oído ya en otras ocasiones por casi todos los presentes. En su descargo puedo decir que su interpretación de este poema ha virado a la comedia de forma que casi parece otro. Nada que reprochar en su interpretación ni en su texto, excelentes ambos. No es una sorpresa que Diego nos regale una actuación magistral, independientemente de si gana o pierde. Esta vez tocaba ganar. 28 puntos.

Y el último poeta, Mario Baldi, es un caso que justifica esta crítica por sí solo. Porque pocas veces he estado más en desacuerdo con la opinión de un jurado. Y sin embargo acato su decisión porque es suya, y ahí está el quid del slam. El jurado es aleatorio y falible porque es un subterfugio del formato para que la gente escuche poemas en un ambiente desenfadado, de juego. Como cuando en el fútbol te dicen: no es gol cuando la pelota entra en la portería, es gol cuando lo pita el árbitro. ¡Ah, pero a los árbitros se les increpa!

Mario Baldi no es un gafapasta ni un moderniqui. Es un actor que tiene una voz que da envidia. Y la sabe manejar. Llevaba una camisa metida por dentro del pantalón vaquero de tiro alto que un cinturón se encargaba de sostener a la altura aproximada del ombligo. En dicho cinturón había fijada como maceta en un balcón una funda de gafas. Su rostro iba adornado con una perilla negra a juego con su abundante cabellera perfectamente peinada. Nos hallábamos ante alguien que podía perfectamente pasar por un cantante de ópera italiano de vacaciones por el casco antiguo de Valencia. Naturalmente, yo no conozco de nada a Mario Baldi, ni sé su historia ni su nacionalidad, ni dónde veranea. Y diría que tampoco me importa ninguno de los detalles que acabo de referir si no fuera porque no encuentro explicación ni en su poesía, que me pareció rítmica y densa, argumentada y coherente, que hablaba de “la gente” para terminar diciendo “al igual que el Buen Dios y yo, todos padecemos tanto aquí”; ni tampoco en la forma de declamarla, que fue sencillamente excelente, para que el jurado le premiara tan solo con 18 puntos y en particular un juez le castigara con un 4, que es un suspenso en la mente de todos y que creo que nadie que suba al escenario del Intruso a recitar un poema de su cosecha, inferior en duración a tres minutos, merece. Pero es mi opinión. Yo le hubiera puesto un 8 o un 9, tampoco un 10: no me ciega la pasión.
Además, nos obsequió en su presentación con un pequeño vodevil que sin duda también tenía por lo menos a medio preparar.
En fin…

Después de escuchar otro poema genial de Oscar Hanska que empezaba diciendo “El amor es de mamones”, lo cual suscribimos todos, y durante el que dijo “tu bebé se parece un poco a Franco!” y nos dejó un rato preocupados, llegó la final entre Diego, Fátima y Lizántropo.

Fátima: “Tumbada con las piernas muy abiertas te imaginas en una playa desierta y no en la consulta de un ginecólogo. Te subes las bragas y sales sintiéndote un poco guarra” “Hacemos gala de nuestros trucos clack, clack, clack (imitando un taconeo) mientras cambiamos pañales sin que la mierda nos salpique”. Una interpretación más decidida que en la primera ronda para un poema que arrancó algún ole al terminar.

Lizántropo: “Vamos a quemarnos lentamente sabiendo que el arte mata, sabiendo que el arte es muerte”. Otro poema bien recitado, rítmico y sólido. También con dedicatoria, esta vez “a los poetas que se curran su arte y que viven de él”. Eso último, lo de vivir de el arte, yo no lo entendí. Diego Mattarucco aplaudió, así que ya le pediré que me lo explique.

Diego: “Madrid, Mamá Madrid, Madrid, ¿cuál es La flor de tu secreto, tu Tiempo de silencio, pedazo de tierra sin guettos en la que nacieron tantos gatos […] calor de Lorca […] Hemingway te vio tan guay […] No tengo que pedir Átame a ti, madre Madrid, porque ya lo has hecho, ya me apasionas, Madrid, ya me aprisionas”. Un poema nuevo de Diego dedicado al público madrileño, que tantos aplausos le ha dado.

¿Y quién ganó?

Aparte de la poesía y el público, y los poetas, y todo eso que es verdad, pero que ya sabéis, ganó el campeón de Madrid en esta temporada, Diego Mattarucco, que representará al Poetry Slam Madrid en el IV Campeonato Nacional junto a la otra campeona de la temporada, María San Martín. Ambos han mostrado una regularidad aplastante en lo más alto del escenario, así que ¡enhorabuena!

Paul Itfish

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This entry was posted on January 15, 2014 by in Crónicas and tagged .