12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam de Noviembre en El Intruso

Silencio. Del latín silentĭum. De la Latina a Lavapiés. Cuando quiero ir al extranjero yo me voy a Tribunal. Esta noche en El Intruso yo no entiendo nada. Primero,  el bar de la calle Augusto Figueroa número 3 está lleno de gente con sed. Sed de poesía y calor. Luego el altavoz que no funciona, menudo contratiempo… ¡vaya desazón!

Problemas con el sistema de sonido del lugar, el presentador Luis J. Lambas se desespera y espera a que instalen un equipo temporal que salve los muebles: el micrófono se conecta a dos pequeños bafles sobre el escenario. El Slam empezaba una media hora tarde sobre la hora acordada, y el numeroso público, impaciente pero expectante, tenía ganas de ruido tras tanto silencio. Y así, llegó el ruido, los poemas, los versos, los poetas…. y el eco de los sentimientos.

El primer participante en subir al escenario fue Daniel Martínez, debutante en el Poetry Slam, quien, micrófono en mano, recitó un poema que nos contaba que “la poesía es magia / con su paz te contagia”. Las pizarras retumbaron en el silencio del aire para darle 22 puntos a Daniel. Tras él, turno para Patricia Martínez, quien ya participó en el Slam del mes de octubre. Esta vez lee el poema “Desmídeme” que establece esa comparativa entre los humanos y los animales… “los animales no visten de Gucci ni de Prada. No siguen modas porque no son humanos”. Son 19 puntos para Patricia Martínez.

Tercer poeta, poetisa, de la noche: Sara Pereda. ¿Qué es el amor? Quizá el silencio de un beso o el sonido de una caricia. Dos mujeres que se aman. “Mujeres abrazadas (…) sin dejar de gritar que esconderse se ha acabado”. Y 22 puntos para esta participante.

Silencio y más silencio. El ruido de los aplausos… llega Pablo Cortina. Es este Poetry Slam de noviembre algo extraño porque, a diferencia de lo que suele ocurrir, el poema de Pablo no gusta tanto como en otras ocasiones y es votado con 17 puntos. Por mucho que sus versos repitan eso de “el poeta escribe, memoriza, recita” el veredicto del público es severo. Tras Pablo Cortina, viene Marga que, micrófono en mano, lee su poema de amor y realidad. Los asistentes al Slam disfrutan con los versos de Marga, y aplauden enérgicamente tras el verso final “es lo que pasa al liarse con poetas, que se quedan si palabras al bajarse la bragueta”. Son 24 puntos para esta poetisa.

El presente es un pasado callado que espera silencioso al porvenir. El siguiente poema que suena en el Intruso Bar se titula “Cuando hablamos de futuro” y su autor Álvaro Pelegrín avisa: “este poema está dedicado a mi hermano, pero si llego a la final leeré uno dedicado a mi madre”. No es esa amenaza, dulce promesa, la que cautiva al público para votarle con 26 puntos, si no los versos descarnados como “¿Quién le daría futuro a ese saco de huesos con el corazón roto?” o “Él es la razón, el motivo de todo lo que hago” o “No me digas que no hay futuro si aún no hemos llegado”. Gran ovación para un gran poeta: Álvaro Pelegrín.

Aurora Boreal es la siguiente participante en subir al escenario del Poetry Slam. Debutante en el certamen, aunque nerviosa lee un buen poema titulado “A 70% entre Valencia y mi pueblo segoviano”. Ojalá cumpla lo que dice su último verso: “Soy una intrusa y vengo para quedarme”. Son 19 puntos para ella. Dos puntos más, en total 21, los que consigue Vicente Drü en su poema de dos personas que se cruzan en un paso de cebra y cumplen eso que dice el verso “los ocasos nos obligaron a no creer en el orden”.

Tiempo para Eva Belmonte que consigue 17 puntos al leer su poema sin micrófono: voz que se posa sobre la cama del silencio. Tras ella, viene José Luis Álvarez que establece una distancia entre sus labios y el micrófono para leer un poema de manera clásica: ante el verso libre hay que luchar con poemas con ritmo, bien medidos y bien rimados. Por los centímetros que le separan del mic no se le oye bien a José Luis, pero quizá sea el verso “astronomía del silencio inerte” el que revuelve las  conciencias de los asistentes porque le votan con 23 puntos.

El soniquete de la poesía sigue al tran-tran de la noche, y es Rubén Prada el siguiente en subir al escenario para leer su poema / carta sobre la educación a los gobernantes. Avisa: “leer perjudica la estupidez”. Son 21 puntos para Rubén. Tras él, la última participante de la noche: Maya. Tras su verso inicial “¿Quién eres en realidad? , ¿Un hombre distinto?,  ¿Una historia diferente?” se equivoca al recitar: dice “corchea” donde tenía que decir “redonda” y se ríe. Los silencios en la música son tan importantes como las notas. Antes de la puntuación final un verso que se suspende en el aire “la realidad no es lo que ves, sino lo que sientes”. Son 22 puntos para Maya.

Tras la primera ronda tiempo para la final, en la que participan: Álvaro Pelegrín, Marga y José Luis Álvarez. Momento para que el silencio de las pizarras no diga la puntuación, pero el instante para que el estruendo de los aplauso decidan un ganador. La poesía, y el criterio del público, como los animales del poema de Patricia Martínez, no atiende a las modas y, así, se valora la forma clásica de un texto con ritmo, rima e imágenes imposibles como el de José Luis Álvarez. Él es el ganador del Poetry Slam del mes de noviembre.

Gonzalo Benito

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This entry was posted on November 29, 2013 by in Crónicas and tagged .