12 poetas ////// 3 minutos ////// El público decide

Crónica del Poetry Slam Olímpico

Este mes convocamos un concurso para reclutar un nuevo cronista para el Poetry Slam de Madrid. Tenemos a 6 aspirantes afilando sus lápices. Aquí tenéis la crónica de Agosto, del Poetry Slam Olímpico para inspiraros. ¡Mañana es el día! 

Poetry Slam Olímpico: Madrid, Agosto 2012
 
 
Primero empieza con una música y un goteo tímido de público, pero el público no es tímido. El público habla, toma algo, ve, por fin, a Pumuki Poetry, la DJ residente en el Poetry Slam.
 
Sale un semidios envuelto en una túnica. Explica lo que es ser semidios hoy. Cuenta que la poesía tenía para los antiguos tanta importancia que se incluía en los planes de educación, en las diversiones públicas, en los mismísimos Juegos Olímpicos. Y es cierto. Los griegos buscaban la armonía del universo y cuando veían la música, la poesía, encontraban la armonía del hombre, pistas para entender el mundo, la impronta de los dioses. Al barón de Coubertin no se le ocurrió borrar la poesía del programa olímpico, eso se hizo durante la resaca de la segunda guerra mundial, cuando la guerra fría, cuando la proliferación de armas atómicas, cuando las guerras paradisíacas. Cuando el hombre ha estado más cerca de perder la cabeza.
 
Aquí, en Madrid, en el teatro Alfil, el Poetry Slam reivindicó el olimpismo de la poesía. Ya que el Poetry Slam es una competición, ya que el espíritu que lo alimenta es deportivo.
 
A mí me recordó a un resumen de los Juegos, en el que ves, sin solución de continuidad un poco de esgrima, un poco de fútbol, un lanzamiento de disco, boxeo, natación, hockey sobre hierba, cien metros lisos, gimnasia artística, maratón…
 
Por eso digo siempre que puedo que el Poetry Slam no es justo ni quiere serlo. Que la poesía de todos hace de este espectáculo algo complejo, la competición simplemente lo compacta.
 
El primer poeta en subir, el “sacrificado del público”, fue esta vez Francisco Javier García García. Su poesía, autodefinida como vanguardista, hizo que el público abriera los ojos como platos, puedo decir que hubo división de opiniones. Lo que está claro es que gente así enriquece el panorama.
 
Tras él subió Silvia Nieva, que comenzó con un efectivo minuto de silencio; después siguió diciendo: “La poesía es un intento /no he ganado nada / compiten otros”. Este poema fue, como lo suelen ser los de Nieva, de los más líricos de la noche, y como el público reconoce este hecho, la hizo recitar más tarde de nuevo en la final.
 
Ángela Angulo siguió transitando por su mundo interior con su peculiar y rítmico estilo, echando mano de Rubén Darío esta vez con un “la tristeza está triste” más decadente y modernista aún que el original.
 
Jaime Lorente me recordó a un actor haciendo de poeta, pero, dado que el poema era suyo, creo que tal vez estaba siendo un poeta haciendo de actor, o un poeta haciendo de actor-haciendo-de-poeta, o, peor, un poeta haciendo de poeta. En cualquier caso, el público detecta esas mínimas imposturas y te las hace pagar. Porque lo que no se puede discutir es que Jaime tiene talento. Quizá le faltó eso que los actores llaman “verdad”, o le sobró.
 
Maya, que empieza a ser habitual en el Slam, hizo de niña buena, pero no hay niñas buenas que digan las cosas que dice Maya. Preguntaba “¿quién soy yo para hablar de poesía?” y yo respondo: nadie. Porque de lo que no se puede hablar hay que callar. Aún así, yo mismo estoy hablando, aunque por poco tiempo ya, de ella. Y me encanta esta indefinición de no saber si “ella” es Maya o la poesía, porque de eso se trata lo de escribir.
 
El Cable Azul sufre el mal del slammer. Llega siempre a la final. No es fácil escribir dos poemas decentes al mes, ergo se repite de vez en cuando. Es una práctica peligrosa, porque el público que te ha votado se acuerda bien de ti. En economía a esto se le llama utilidad marginal: la utilidad que proporciona el consumo de un bien depende de la cantidad de ese bien que haya consumido el individuo. Cada vez que se vuelve a consumir su utilidad es menor. A no ser, añado yo, que ese bien sea una obra maestra, como la tercera sinfonía de Beethoven o como El Gran Lebowski. Cable recitó “Nos volveremos locos y seremos esclavos del César”. No sé yo.
 
Delia Aguiar es una poeta como la copa de un pino, pero en el Slam uno debe controlar su propio personaje, ya sea porque lo finge muy bien, o porque lo asume. Si no, el poeta-slammer queda a merced del público, que empieza a hacer de crítico: de poesía, de actuación, de prosodia… de moda… y ahí, en esa distancia, se pierden mutuamente público y poeta.
 
Diego Mattarucco. Ganó.
 
Lucas Peregrini. Transcribo mis notas: Nervioso. Joven. Buena voz. Pero resulta que cuando iba a concretar se le apagaba esa voz tan espléndida y yo no oía las últimas palabras de los versos decisivos, lo cual, en el Slam, es un pecado mortal.
 
Después llegó un profesional del escenario. Buscador de versos. Me suena su nombre, aunque en escena no lo había visto antes. Pero digo que es un profesional porque lo parecía, y si lo pareces lo eres. No importa si cobras o no, si eres profesor, coach, entrenador de futbol, poeta o pescadero. Si puedes decir en el escenario del teatro Alfil en voz alta y clara “No me sale del negro atardecer de mis cojones”, ya no hace falta más aprendizaje. Eres un animal de escena.
 
Alejandro Panés tiene lo que hay que tener, también, pero de otra manera. Dijo: “Madrid está pariendo por el retrovisor una boina de luz demasiado real” y a mí eso me parece poesía y quiero que vuelva, porque quizá se fue pensando que no había gustado, dada su puntuación. Hay que avisar a aquellos que vienen por primera vez al Slam de que la puntuación no es un argumento fiable para saber cómo lo ha hecho uno. La puntuación en el Slam es lo único que importa y, por tanto, no tiene ninguna importancia.
 
Y como un espontáneo, con los trastos de torear en una mano y la ilusión en la boca, saltó al ruedo poético Antonio Martín. Fue llamado por error al tratarse del primer poeta de reserva. Y esa es la magia del teatro, una vez dicho tu nombre, tu cuerpo se materializa. Menos mal, porque su actuación fue un show dentro de un show en mitad de un show. ¿Quién es Maya para hablar de poesía? ¿Quién es nadie, estando este tío presente? Un teórico, señoras y señores. De la poesía rudimentaria, sí, pero de la poesía al fin y al cabo. Y mientras nos explicaba que es eso de la poesía rudimentaria, nos la leyó toda. Dejo una muestra: “Pasar del LSD al ADSL no es fácil”. Brillante.
 
Terminó Abel Ezequiel, conocido también como Paisaje en grano de arena. Poeta catalán, simpático, muy serio, curtido en mil batallas poéticas y de las otras. Que nunca se anunciaría en la sección de contactos del periódico, aunque si lo hace le acabo de hacer aquí yo el anuncio. “Camino y no te encuentro, ciudad”. Tal vez el público estaba ya cansado, o vete tú a saber, -así funciona esto- pero a mí me hubiera gustado verle recitar otro poema más.
 
Llegó la final, para la que se habían clasificado Silvia Nieva, El Cable Azul y Diego Mattarucco.
 
Silvia Nieva recitó un poema mejor aún que el primero, “la poesía tiene que caer”, decía ella. Búsquenlo, digo yo.
 
El Cable Azul también, para mi gusto, hizo uno mejor que el primero, que contiene versos como “castillos de siempre sin parra para gigantes con pies de barro”, o “pero nunca vamos a ninguna parte a la que se pueda llegar en coche”. Búsquenlo, también.
 
Diego Mattarucco arrasó. Y no he dicho nada antes porque si el primer poeta, Francisco Javier García García, abrió los ojos del público, el último hizo lo propio con las bocas. La gente no está acostumbrada ni preparada para lo que hace Diego. Uno no va a un “recital de poesía” pensando que se va a encontrar una cosa así. Pero claro, esto no es un “recital”, es Poetry Slam, y Mattarucco arrasa allá por donde va, o a veces no, pero no deja indiferente nunca al público. La cuestión, como siempre, son las expectativas, y él las pulveriza. Aunque la próxima vez, che, no aproveches la victoria para recitar un poema de siete minutos, que se me ocurrió grabarte y casi me fundes la memoria del teléfono.

Paul Itfish
 

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This entry was posted on September 25, 2012 by in Crónicas anteriores and tagged .